La vieja y la niña II
Llegaron por la tarde, la niña llevaba con la vieja 4 semanas, el camino fue duro y largo. La vieja en la entrada del pueblo le advirtió:
-Señorita,- era en tono sarcástico que utilizaba este apelativo y sólo cuando la niña estaba en el límite de sus fuerzas- hoy me vas a ayudar a traer un niño al mundo, no te asustes de los gritos por que las madres gritan para que sus hijos las oigan desde la tripa y salgan a buscarlas cuando es el momento, no te asustes de la sangre por que... -se quedó sin argumentos- por que la sangre es el tributo que las madres hacen a la vida a cambio de sus niños.- y se rió como se reía la vieja, hacia dentro, sin ruido, como solía hacer todas las cosas, mostrando sus encías sin dientes y achicando sus ojos ya pequeños, de manera que quedaban cerrados, y moviendo su cuerpo de arriba a abajo al compás de una risa impercetible, se rió por lo peregrino de sus palabras y por la satisfacción que le daba poder explicar a su manera esas cosas que ella entendía sin palabras.
Nadie había ido a avisar a la vieja, la niña no entedía como podía saber que había llegado el momento, pero pensó que tal vez esas cosas eran predecibles igual que las estaciones, sin embargo no le dijo nada, la niña sentía un hormigueo en el estómago. Tenía en la cabeza un sinfín de estrafalarias ideas sobre la concepción y el nacimiento de los niños, ninguna de ellas era real y todas estaban salpicadas de dolor, miedo y misterio.
-Señorita,- era en tono sarcástico que utilizaba este apelativo y sólo cuando la niña estaba en el límite de sus fuerzas- hoy me vas a ayudar a traer un niño al mundo, no te asustes de los gritos por que las madres gritan para que sus hijos las oigan desde la tripa y salgan a buscarlas cuando es el momento, no te asustes de la sangre por que... -se quedó sin argumentos- por que la sangre es el tributo que las madres hacen a la vida a cambio de sus niños.- y se rió como se reía la vieja, hacia dentro, sin ruido, como solía hacer todas las cosas, mostrando sus encías sin dientes y achicando sus ojos ya pequeños, de manera que quedaban cerrados, y moviendo su cuerpo de arriba a abajo al compás de una risa impercetible, se rió por lo peregrino de sus palabras y por la satisfacción que le daba poder explicar a su manera esas cosas que ella entendía sin palabras.
Nadie había ido a avisar a la vieja, la niña no entedía como podía saber que había llegado el momento, pero pensó que tal vez esas cosas eran predecibles igual que las estaciones, sin embargo no le dijo nada, la niña sentía un hormigueo en el estómago. Tenía en la cabeza un sinfín de estrafalarias ideas sobre la concepción y el nacimiento de los niños, ninguna de ellas era real y todas estaban salpicadas de dolor, miedo y misterio.

5 se salpicaron:
Las madres gritan para que sus hijos las salgan a buscar... preciosa leyenda.
besos
Siempre el llegar de la vida es hermoso, con sangre, gritos y cordones. Ese nacimiento es el inicio de una nueva vida y la experiencia de verlo nunca se puede olvidar. Amiga, yo lo viví en la selva, en épocas de guerrillas y es de las cosas que han quedado grabadas en mi mente para siempre.
Se te quiere mucho y mis respetos a las sirenas que andan bailando con las Valquirias en los límites de tus mares y mis bosques.
Besos,
Maya
"todas estaban salpicadas de dolor, miedo y misterio".
Si algún día me encuentro a la cigüeña, la asesinaré para que nadie más pueda contar su historia. Te lo prometo xurry!!
Bss.
Hermoso, el instante donde el dolor se tutea con la maravilla.
Hermoso, un cántico cotidiano y misterioso.
Odas a tu alma, que hacen que escribas así.
MaLena.
las ideas estrafalarias abundan.
las mujeres viejas también
las niñas curiosas son bellas
todas ellas habitan en ti,
y tú eres real.
felicidades
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