viernes 22 de agosto de 2008

Es una casa vieja y grande
con los techos altos
escabeles incómodos
pocas ventanas.
Cruza mis espejos sin rumbo fijo
con estertóres de cucarachas
que crujen bajo las suelas.
Es una calle con aceras
la que traza un camino;
un camino hacia al río
donde los juncos crecían
en las verdes orillas
las orillas de mi infancia:
no bañarse agua contaminada,
siguen así las aguas de mi infancia
como las de ese río
también sigo yo igual que entonces
caso omiso
a las restricciones pusilánimes.

Es aquella cocina
aquel baño sin bañera
aquel instante
aquel agujero
por donde ver una estrella,
sólo una y en invierno.
Es la oscuridad del miedo
y el miedo a lo más oscuro,
es la risa que descubres nueva
como un piropo sin gastar.
Es de pronto la conciencia,
terrible y tan grande,
tan grande para alguien tan pequeño
tan grande que te ahoga.