Las recibieron 3 cabras grandes con sus cabritas y tres perros flacos, a través de una calle polvorienta y desierta, que tan sólo tenía unas diez chozas de piedra. La niña corrió hacia las cabritas y acaració con cuidado a una de ellas que se acercaba curiosa. De pronto un niño apareció por la puerta de una de las cabañas y se fue acercando poco a poco, era más o menos de su edad.
Cuando estuvo a su altura le dijo: -¿Tú quién eres? Sin dejar de mirarla fijamente con sus ojos negros.
La niña sin apartar la vista, desafiante le respondió:- ¿A ti qué te importa? Esa forma de hablar, insolente le decían las monjas, le había acarreado en el pasado muchos problemas, sin embargo el niño se encogió de hombros y miró a la vieja.
-Está aquí vieja. Y dando media vuelta volvió a la casa de la que acaba de salir.
La vieja hizo un gesto de cansancio y siguió al niño a la cabaña de piedra seguida de cerca por la niña. Todos los vecinos estaban en la casa, entraron a una habitación grande que hacía las veces de dormitorio y sala de estar; una pequeña mesa de madera y tres sillas y varias esteras en el suelo, en un lado debajo de la ventana había una cocina de piedra en la que ardía un fuego y un gran caldero en el que hervía agua, las mujeres, los niños y adolescentes estaban allí dentro, los hombres se encontraban en el patio de tierra de la parte posterior. Habían dejado a medias lo que parecía una celebración.
La vieja dijo: -Tengo hambre y sed-Una de las chicas salió al patio y entró con un plato rebosante de comida y una botella de licor. La vieja comió y bebió, compartiendo el plato y la botella con la niña que estaba hambrienta, el licor era fuerte y la niña lo rechazó, sin embargo la vieja le devolvió la botella con un gesto de aprobación en el rostro y soltó como quien llueve: -Dale niña, dale que te hará bien.
La embarazada se paseaba mientras tanto por la estancia, de vez en cuando se acuclillaba con gesto contraído en el rostro, sin embargo al poco se levantaba y seguía caminando., todos los presentes se hacían a un lado para dejar que se moviera con libertad. La niña observaba todo con atención. Vio por ejemplo que allí dentro todos parecían de la misma familia, pues tenían los mismos rasgos, ojos negros, piel cetrina, tamaño pequeño, y sobre todo, el pelo liso como escarpias y de un tono castaño rojizo. Según le dijo después la vieja, todos eran descendientes de una raza de nómadas pastores que había sido reducida y obligada a una vida sedentaria en aquella especie de reserva, que pese a no haber terminado con ellos, los había transformado en personas más tristes y los que menos habían regresado a sus montes y se había dividido a sus gentes.
La vieja se levantó después de saciar su hambre y se dirigió al rincón donde la embarazada se había sentado sobre sus piernas, y le tocó el pelo, la ayudó a tumbarse para reconocer su tripa: -Vamos a ver como anda este niño varón que tenemos a punto.-Puso sus manos sobre la enorme barriga mientras las mujeres hacían corro para verla mejor.
-Vaya, parece que este niño será peleón, llegó el momento y él sigue acá arriba- dijo palpando la parte superior donde se observaba una redondez dentro de la redondez.-Ven niña, toca y verás-La niña se acercó un poco asustada, mareada por el ambiente que se respiraba dentro de la habitación y los tragos de licor. Puso su mano en la tripa y la sorprendió la dureza del cuerpo que se sentía allí dentro, perfectemante pudo distinguir la cabeza del niño en la parte superior de la barriga de la embaraza.
-¿Rompiste aguas?
-Sí, rompí aguas hace un rato.-Dijo la mujer, que era joven y bella, aún estando empapada en sudor por el calor de la tarde y por las contracciones seguidas que la sacudían, preparando su útero y dilantando el canal para el paso, ayudando al bebé a bajar.
-Bien, pues ahora vamos a intentar que este niño baje la cabeza, ¿hay algo por lo que no quieres que nazca? ¿Tienes miedo?-Al terminar de decir estas palabras y como si la respuesta no fuera con ella, como si las hubiera dejado caer para que la joven fuera consciente de ello y nada más, se dio la vuelta y gritó-¡No ven que aquí sobramos todos!-Inmediatamente una hilera de mujeres, niños y adolescentes salió hacia al patio-Vayan y terminen lo que estaban haciendo, ya ayudaron suficiente.
La mujer había empezado a sollozar.-Ya intentamos arreglarlo-Dijo la vieja tranquilamente.