jueves 31 de julio de 2008

la vieja y la niña IV

Después de aquello, la niña supuso que algo andaba mal. Ella, Samaya, estaba empezando a agotarse y su hijo seguía sin poder salir. Samaya seguía sollozando y la niña se sentía cada vez peor. Empezaba a sentir que todo se nublaba y un mareo cada vez más consistente en su cabeza. La vieja la tumbó y comenzó una salmodia rítmica con una voz grave, mientras daba vueltas su mano en el sentido contrario a las agujas del reloj, sobre la tripa de la mujer luego paraba y le decía suavemente a Samaya que le dijera a su hijo que volviera su cabeza, que se diera la vuelta. La niña seguía mareada, sobre todo cuando la mujer se contraía y ahogaba un gemido. La letanía de la vieja continuó, como una monotóna canción y su mano se paseaba despacio sobre la tripa de Samaya. De pronto aulló y la niña observó impresionada como aquel bulto de carne que dentro contenía un niño se contorsionaba, se deformaba de una manera extraordinaria y daba la sensación de que iba a romper la delicada carne de aquella mujer en cualquier momento. La inminente sacudida del niño en su nido la dejó átonita y la impresión fue tal que se desmayó, justo después de mirar entre las piernas de Samaya y ver como se abría su carne por la presión de una cabeza que acaba de encajarse en su lugar.

domingo 20 de julio de 2008

La vieja y la niña III

Las recibieron 3 cabras grandes con sus cabritas y tres perros flacos, a través de una calle polvorienta y desierta, que tan sólo tenía unas diez chozas de piedra. La niña corrió hacia las cabritas y acaració con cuidado a una de ellas que se acercaba curiosa. De pronto un niño apareció por la puerta de una de las cabañas y se fue acercando poco a poco, era más o menos de su edad.

Cuando estuvo a su altura le dijo: -¿Tú quién eres? Sin dejar de mirarla fijamente con sus ojos negros.
La niña sin apartar la vista, desafiante le respondió:- ¿A ti qué te importa? Esa forma de hablar, insolente le decían las monjas, le había acarreado en el pasado muchos problemas, sin embargo el niño se encogió de hombros y miró a la vieja.

-Está aquí vieja. Y dando media vuelta volvió a la casa de la que acaba de salir.

La vieja hizo un gesto de cansancio y siguió al niño a la cabaña de piedra seguida de cerca por la niña. Todos los vecinos estaban en la casa, entraron a una habitación grande que hacía las veces de dormitorio y sala de estar; una pequeña mesa de madera y tres sillas y varias esteras en el suelo, en un lado debajo de la ventana había una cocina de piedra en la que ardía un fuego y un gran caldero en el que hervía agua, las mujeres, los niños y adolescentes estaban allí dentro, los hombres se encontraban en el patio de tierra de la parte posterior. Habían dejado a medias lo que parecía una celebración.

La vieja dijo: -Tengo hambre y sed-Una de las chicas salió al patio y entró con un plato rebosante de comida y una botella de licor. La vieja comió y bebió, compartiendo el plato y la botella con la niña que estaba hambrienta, el licor era fuerte y la niña lo rechazó, sin embargo la vieja le devolvió la botella con un gesto de aprobación en el rostro y soltó como quien llueve: -Dale niña, dale que te hará bien.

La embarazada se paseaba mientras tanto por la estancia, de vez en cuando se acuclillaba con gesto contraído en el rostro, sin embargo al poco se levantaba y seguía caminando., todos los presentes se hacían a un lado para dejar que se moviera con libertad. La niña observaba todo con atención. Vio por ejemplo que allí dentro todos parecían de la misma familia, pues tenían los mismos rasgos, ojos negros, piel cetrina, tamaño pequeño, y sobre todo, el pelo liso como escarpias y de un tono castaño rojizo. Según le dijo después la vieja, todos eran descendientes de una raza de nómadas pastores que había sido reducida y obligada a una vida sedentaria en aquella especie de reserva, que pese a no haber terminado con ellos, los había transformado en personas más tristes y los que menos habían regresado a sus montes y se había dividido a sus gentes.

La vieja se levantó después de saciar su hambre y se dirigió al rincón donde la embarazada se había sentado sobre sus piernas, y le tocó el pelo, la ayudó a tumbarse para reconocer su tripa: -Vamos a ver como anda este niño varón que tenemos a punto.-Puso sus manos sobre la enorme barriga mientras las mujeres hacían corro para verla mejor.

-Vaya, parece que este niño será peleón, llegó el momento y él sigue acá arriba- dijo palpando la parte superior donde se observaba una redondez dentro de la redondez.-Ven niña, toca y verás-La niña se acercó un poco asustada, mareada por el ambiente que se respiraba dentro de la habitación y los tragos de licor. Puso su mano en la tripa y la sorprendió la dureza del cuerpo que se sentía allí dentro, perfectemante pudo distinguir la cabeza del niño en la parte superior de la barriga de la embaraza.

-¿Rompiste aguas?
-Sí, rompí aguas hace un rato.-Dijo la mujer, que era joven y bella, aún estando empapada en sudor por el calor de la tarde y por las contracciones seguidas que la sacudían, preparando su útero y dilantando el canal para el paso, ayudando al bebé a bajar.
-Bien, pues ahora vamos a intentar que este niño baje la cabeza, ¿hay algo por lo que no quieres que nazca? ¿Tienes miedo?-Al terminar de decir estas palabras y como si la respuesta no fuera con ella, como si las hubiera dejado caer para que la joven fuera consciente de ello y nada más, se dio la vuelta y gritó-¡No ven que aquí sobramos todos!-Inmediatamente una hilera de mujeres, niños y adolescentes salió hacia al patio-Vayan y terminen lo que estaban haciendo, ya ayudaron suficiente.

La mujer había empezado a sollozar.-Ya intentamos arreglarlo-Dijo la vieja tranquilamente.


domingo 13 de julio de 2008

La vieja y la niña II

Llegaron por la tarde, la niña llevaba con la vieja 4 semanas, el camino fue duro y largo. La vieja en la entrada del pueblo le advirtió:

-Señorita,- era en tono sarcástico que utilizaba este apelativo y sólo cuando la niña estaba en el límite de sus fuerzas- hoy me vas a ayudar a traer un niño al mundo, no te asustes de los gritos por que las madres gritan para que sus hijos las oigan desde la tripa y salgan a buscarlas cuando es el momento, no te asustes de la sangre por que... -se quedó sin argumentos- por que la sangre es el tributo que las madres hacen a la vida a cambio de sus niños.- y se rió como se reía la vieja, hacia dentro, sin ruido, como solía hacer todas las cosas, mostrando sus encías sin dientes y achicando sus ojos ya pequeños, de manera que quedaban cerrados, y moviendo su cuerpo de arriba a abajo al compás de una risa impercetible, se rió por lo peregrino de sus palabras y por la satisfacción que le daba poder explicar a su manera esas cosas que ella entendía sin palabras.

Nadie había ido a avisar a la vieja, la niña no entedía como podía saber que había llegado el momento, pero pensó que tal vez esas cosas eran predecibles igual que las estaciones, sin embargo no le dijo nada, la niña sentía un hormigueo en el estómago. Tenía en la cabeza un sinfín de estrafalarias ideas sobre la concepción y el nacimiento de los niños, ninguna de ellas era real y todas estaban salpicadas de dolor, miedo y misterio.

domingo 6 de julio de 2008

la vieja y la niña I

-Hace tanto calor que se mueren hasta las moscas.-Dijo la vieja de la cara arrugada, la de los ojos pequeños y la piel oscurecida de tantos soles.

Entonces una mosca que volaba fatigada entre la calima espesa y condensada, interrumpió súbitamente su vuelo y cayó sobre el mantel raído de la mesa, fulminada y muerta. La niña que siempre estaba con ella no dijo nada, sólo observó con sus ojos vivos el cadáver oscuro, el cuerpo inerte de la mosca obediente. Ese día entendió muchas cosas, mientras su cuerpo sudaba y el mandato de aquel verano tiránico estaba en su cénit. Bendijo a aquella mujer medio loca, que la cuidaba como se cuida a un animalito herido, por una compasión infinita que nacía de no se sabe qué profundidades. Recordó su vida antigua y ya no le hizo daño. La vieja podría enseñarle más que todos los colegios de señoritas en los que podría haber estudiado. Supo que el castigo impuesto por su rebeldía, en realidad era un regalo. La vieja partera y bruja ya no le dio más miedo.

martes 1 de julio de 2008

mi mundo es:

Mi mundo es pequeño, como un nudo,
como una cánica brillante.
No tiene grandes aspiraciones,
ni grandilocuentes expectativas.

Mi mundo cada día es más pequeño
más a mano, menos inhóspito,
cada día que pasa él va menguando
y se hace más sencillo,
como una ventanita o pequeña claraboya,
le gustan menos las asperezas,
los muñecos rotos...

Mi mundo es como un nudo simple de dos vueltas
sin lazos ni florituras, le gustan los pies descalzos
y los cuerpos desnudos.
Mi mundo cada día es más pequeño,
y se asusta fácilmente, le gusta la añoranza,
y los abrazos suaves,
Es mi mundo cierto,el certero, el verídico,
no aquel otro,
en el que también vivo.

Mi mundo es una hoja en la ventana,
una ventana en el filo del reproche,
unas piernas estiradas, un versículo sagrado.

Tiene las manos limpias manchadas de tierra,
y los labios húmedos de besos tibios,
tiene las palabras de tus ojos en su ombligo.

Mi mundo es un camino abierto en la tarde.
Un camino es mi mundo, un mundo es mi camino.