sábado 23 de agosto de 2008

Hay un nido de buitres
sobre hospicios de huérfanos nuevos,
abandonados los niños
más horas
de las que el día tiene.

Las mujeres lloran por dentro
en murmullos inaudibles
incrustadas entre las cadenas
de una historia que se prende
sanguijuela, sanguijuela.

La hembra anda desnuda
no revista su cuerpo de maldades:
es hipersensible
es abeja
es molusco húmedo.

La mano alzada
la cabeza llena
de inhóspitos quebraderos,
subyugada a sus inquietudes:
el pandemonium de sueños
la lista de la compra
el beso escondido
la savia que es su sangre...

No revista su cuerpo de maldades
que ella anda desnuda
y usted tiene los ojos opacos
como el frío de una noche de febrero.

viernes 22 de agosto de 2008

Es una casa vieja y grande
con los techos altos
escabeles incómodos
pocas ventanas.
Cruza mis espejos sin rumbo fijo
con estertóres de cucarachas
que crujen bajo las suelas.
Es una calle con aceras
la que traza un camino;
un camino hacia al río
donde los juncos crecían
en las verdes orillas
las orillas de mi infancia:
no bañarse agua contaminada,
siguen así las aguas de mi infancia
como las de ese río
también sigo yo igual que entonces
caso omiso
a las restricciones pusilánimes.

Es aquella cocina
aquel baño sin bañera
aquel instante
aquel agujero
por donde ver una estrella,
sólo una y en invierno.
Es la oscuridad del miedo
y el miedo a lo más oscuro,
es la risa que descubres nueva
como un piropo sin gastar.
Es de pronto la conciencia,
terrible y tan grande,
tan grande para alguien tan pequeño
tan grande que te ahoga.

sábado 9 de agosto de 2008




Una esquina de mi
se queda muda
y elevo mi llanto
entre las nieblas,
para lavar el cabello
a los recuerdos
y me espino las manos
y me asfixia el peso mudo
y quiero contarlo como un sueño
tal como si fuera un sueño.

Esa especie de pecados
me sonroja
cuando vuelve a mi:
la incontenible espada,
el borroso cuento,
la cálida muchedumbre que me habita
como rocío en la hoja del naranjo.

miércoles 6 de agosto de 2008

La vieja y la niña V

La niña, entre las nieblas de su desmayo, sintió que la tomaban en brazos, que la arrullaban unos brazos confortables. Miró hacia arriba y vio en su sueño que su madre la tenía acurrucada sobre el pecho y le besaba la frente suavemente mientras le decía: niña preciosa, niña, despierta. Poco a poco fue volviendo y despertó arropada por la vieja. Todo era excesivo en aquel momento, pensó en su padre autor del abandono y en su madre cómplice y en aquella vieja que ahora la abrazaba con ternura.

Como si todas esas semanas hubieran abierto una brecha en su armazón de amianto, ese que su alma joven ya había tejido con ímpetu, brotaron las lágrimas y un llanto antiguo como la vida le quebró la voz y la garganta, el llanto de la niña abandonada, la no querida, la oveja negra de una estirpe sin mancha y orgullosa, una estirpe de militares y señoritas.


La niña lloró a su madre y a su padre, también a sus perfectos hermanos, tanto lloró que la vieja comenzó a acompañarla y también sus lágrimas besaron su frente, y el niño recién nacido, que tenía el pelo extrañamente negro y rizado y los labios demasiado carnosos para ser hijo de quien era también comenzó a llorar, por que también él era un niño no deseado, era un niño mulato entre tanto pelo liso como alambre. Samaya la madre, pronto lloró de amor, le rompió el alma ver aquel niño hermoso que bebía sus pezones al ritmo de amargura. El llanto salió de casa, y el patio en el que todos habían bebido demasiado se llenó de lástima, por todo aquel amor desperdiciado en el fondo de los odios, los recelos y las espinas.

-Las lágrimas limpian el alma. Dijo la vieja suavemente.

viernes 1 de agosto de 2008

Se interrumpe el viaje
las estrellas se detienen
los alados susurros
de las pieles desnudas
enmudecen el estruendo
de volcanes y seísmos

Sobre el pecho desnudo
el fulgor de la batalla
se rinde en pleitesía
diamantes son la gotas
que ilustran la piel
el amor tiene calor
entre tus manos tibias