lunes 6 de julio de 2009

la palma

Una estela de promiscua prehistoria, de exuberante y húmedo verde, jalonada de negro volcánico, de lenguas frías de lava oscura. Una isla en dos mitades, trópico y crestas, bipolar y benévola, castigo de fuego fue, hoy vergel y paraiso, blanco de nubes a ras de suelo en las esquinas de las calderas, que se convierten en macetas de fértil tierra. Allí donde las esporas de helechos titánicos se reproducen impunes, sin miedo ni vergüenza. Laurisilva inspiradora que llueves perdón para los hombres, condescendencia, misericordia y clorofila.

Me invades tanto y tan bueno que me dejo, como dejaría a aquel que yo deseo acariciar sin querer mi espalda y mi pelo. Me invades tanto y tan bueno, que siento el precipicio entrando por los ojos, tal y como me gustaría sucumbir al vértigo inconsciente de dejarme seducir por el amante verde, dejarme arropar y mirar, que llenara mis oídos con la fórmula matemática perfecta que me condujera hasta sus brazos, igual que tu preñez me arropa, sin miedo ni vergüenza, y yo como contigo me dejaría ir.