Mar Benegas: Poéticas de cuerpo- Poemas de MARGARET ATWOOD

miércoles, 3 de abril de 2013

Poéticas de cuerpo- Poemas de MARGARET ATWOOD


OTROS POSIBLES PENSAMIENTOS DESDE DEBAJO DE LA TIERRA
 
Abajo. Enterrada. Puedo oír
risas leves y pasos; la estridencia
del cristal y el acero

los invasores de quienes tenían
el bosque por refugio
y el fuego por terror y algo sagrado
los herederos, los que levantaron
frágiles estructuras.

Mi corazón enterrado por décadas
de pensamientos anteriores, reza todavía

Ah derriba este orgullo de cristal, Babilonia
cimentada sin fuego, a través del subsuelo
reza a mi inexpresivo fósil Dios.

Pero se quedan. Extinguida. Siento
desprecio y, sin embargo, pena: lo que los huesos
de los grandes reptiles
desintegrados por algo
(digamos por el
clima) fuera del ámbito
que su simple sentido
de lo que era bueno les trazaba

sentían cuando eran
perseguidos, enterrada entre los suaves inmorales
insensibles mamíferos deshechos.




TORTURA

¿Qué sucede en los silencios
de esta conversación?
Esa que trata de la libertad
y la política y la falta de pasión. 

Sólo esto: pienso en la mujer
que no mataron,
sino que le cosieron
la cara; le taparon la boca hasta dejar
un agujero como una paja,
y la devolvieron a la calle,
un signo mudo. 

No importa dónde 
lo hicieron o por qué, o si
lo hizo un partido u otro;
esas cosas se hacen en cuanto
existen los partidos. 

Y no sé si los hombres buenos
con sus flamantes vidas existen
gracias a esta mujer o a pesar 
de ella.
    Pero un poder
como ése no es abstracto,
no tiene que ver con la política
ni con la libertad, va más allá de lemas de partidos;
y respecto a la pasión, he aquí
su intrincada negación:
ese cuchillo que te arranca los amantes
de la carne como tumores,
dejándote sin pechos
y sin nombre,
plana, sin sangre, tu propia voz
cauterizada por tanto dolor;

un cuerpo desollado que desatan
cuerda por cuerda y cuelgan
de la pared, un estandarte
desplegado por el mismo motivo
que las banderas.


UN ASUNTO DE MUJERES

La mujer del aparato con púas,
agujereado como un colador, que le aprisiona
la cintura y el espacio entre las piernas
es la Prueba A.

La mujer de negro que mira a través
de una celosía y tiene una estaca
de madera de diez centímetros metida
entre las piernas para que no la puedan violar,
es la Prueba B.

La Prueba C es la muchacha
que las matronas arrastran al monte
y obligan a cantar mientras sajan la carne
de entre sus piernas, luego atan sus muslos,
hasta que le salen costras y la creen curada.
Ahora puede casarse.
Para cada nacimiento la abrirán
en canal, luego la coserán. 

A los hombres les gustan las mujeres bien apretadas.
Las que mueren son enterradas con cuidado. 

La siguiente prueba yace sobre su espalda,
mientras ochenta hombres cada noche
se mueven a través de ella, diez cada hora. 
Mira al techo, escucha
cómo la puerta se abre y se cierra.
Un timbre sigue sonando.
Nadie sabe cómo llegó hasta aquí. 

Verás que lo que tienen en común
está entre las piernas. ¿Por esto
se lucha en las guerras?
Territorio enemigo, tierra de 
nadie, que se penetra furtivamente,
cercada, poseída, pero nunca con certeza;
escenario de estas incursiones desesperadas
a medianoche, capturas
y crímenes viscosos, guantes de médicos
grasientos de sangre, carne inerte, fuente 
del inquietante poder que posees. 

Este lugar no es un museo.
¿Quién inventó la palabra amor?




 HOTEL

Me despierto a oscuras
en una habitaicón extraña.
Hay una voz en e ltecho
con un mensaje para mí.

Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,

el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,

metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer

sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.

Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;
ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.

Examina el aire alrededor y encuentra
espacio. Al final, me

penetra y se vuelve mía. 



DELETREO 
(fragmentos)

*
Vuelvo a la historia
de la mujer atrapada en la guerra
durante su parto, sus muslos atados
con fuerza por el enemigo
para que no pueda dar a luz. 

*

Antepasada: la bruja en la hoguera,
su boca cubierta por cuero
para estrangular las palabras.

Una palabra tras una palabra
tras una palabra, es poder. 


En el punto en que el lenguaje cae
de los huesos calientes, ese momento
en que la roca se abre y la tiniebla
fluye como la sangre, en
el punto en que el granito se derrite,
cuando los huesos saben
que están huecos y la palabra
se parte y se dobla y dice 
la verdad y el cuerpo
mismo se vuelve boca.

Esto es una metáfora. 


HONGOS

IV

No sólo
los recojo para comer,
sino por el placer de recogerlos y porque
huelen a muerte y a las pieles
de cera de los recién nacidos,
carne hecha tierra, tierra hecha carne.

He aquí un puñado
de sombra que te he devuelto:
la podredumbre, la esperanza, un bocado
de estiércol, la poesía.




UNA MUJER POBRE APRENDE A ESCRIBIR

.
Está en cuclillas, los pies desnudos,
abiertos, sin
gracia; la falda metida alrededor de los tobillos.
.
Tiene la cara marchita y agrietada.
Parece vieja,
más vieja que nadie.
.
Probablemente tiene treinta años.
Sus manos, también arrugadas y agrietadas,
garabatean con torpeza. Su pelo está escondido.
.
Escribe con un palo, laboriosamente,
en la tierra húmeda y gris,
mientras frunce, con ansiedad, el ceño.
.
Escribe letras grandes, anchas.
Ahí está, terminada,
su primera palabra hasta ahora.
.
Nunca pensó que podría hacerlo,
ella, no.
Eso era para otros.
.
Mira hacia arriba, sonríe
como disculpándose,
pero no lo hace; esta vez, no; ahora sí lo hizo bien.
.
¿Qué está escrito en el barro?
Su nombre. No podemos leerlo.
Pero lo podemos adivinar. Mira su cara:.
¿Es una Flor gozosa? ¿Radiante? ¿Sol reflejado en el Agua?



TUS HIJOS SE CORTAN LAS MANOS

Tus hijos se cortan las manos
al acercarse a través del espejo
a donde el ser amado solía guarecerse.

No te lo esperabas,
creías que querían ser felices,
no llenarse de heridas.

Creías que la felicidad
les llegaría simplemente, sin esfuerzo
y sin ningún trabajo,

como el canto de un pájaro,
o una flor en el sendero,
o un banco de peces del color de la
plata;

pero ahora se han herido
con el amor, y lloran en secreto,
e incluso tus manos están entumecidas;
porque no puedes hacer nada,
porque no les dijiste que no lo
hicieran,
pues no creías
que fuera necesario,
y ahora te encuentras todo el cristal
roto
y tus hijos, con las manos
ensangrentadas,

aún se aferran a las lunas y a los
ecos,
al vacío y las sombras,
de la misma manera que tú lo hiciste entonces.


 La poesía y narrativa de Margaret Atwood está trenzada con la frágil bestialidad de la vida. El cuerpo, en plena coherencia con su militancia feminista y pro-derechos humanos, es un eje vertebral de toda su escritura. Es fabulosa su capacidad para hacer llegar la transferencia, como transfigura al lector, como, esa mujer a la que atan las piernas "para que no pueda dar a luz", se convierte en los ojos que la presienten entre las letras. Una brutalidad dulce es el cuerpo que trabaja Margaret Atwood: el cuerpo que erosiona, que moldea, que esculpe, que rompe y talla, que se levanta y grita, que necesita desatarse. Desde lo más desnudo y vulnerable. Ese territorio expoliado y dominado, saqueado, sometido, es mostrado sin pudor: mujeres desnudas que se desangran por los siglos de negación. Las madres, los hijos, las antepasadas. La restitución de la dignidad.

Poemas de los libros: Historias Reales, La Puerta (ambos de Bruguera Ed. Traducción: María Pilar Somacarrera) y Los Diarios de Susanna Moodie (Pretextos Ed. Traducción: Álvaro García).


Imágenes de Mariana Palova (aquí).


2 comentarios:

Miriam Tessore dijo...

publiqué un poemita de la Atwood, e hice el enlace a esta preciosa selección Mar. Muchas gracias!!!

cotidiana dijo...

hola. muchas gracias x arrimar a esta poeta, subí uno de los poemas a fb , cité tu blog, es muy hermoso, y las imágenes también.