Mar Benegas: lectura de reincidencias, de elena escribano

viernes, 4 de marzo de 2011

lectura de reincidencias, de elena escribano



elena escribano: "yo no quiero vivir de la poesía, yo vivo para la poesía"

reincidencias es, como su nombre indica, un tropezar de nuevo: "nadie que haya amado/ ha salido indemne", este será el tropo desde el cual todo el poemario se articula y encuentra su sentido, nadie que ame saldrá indemne, ni dioses ni humanos. las trampas del corazón: cepos que nos aguardan tras las esquinas, a todos por igual.

poesía intimista con una vocación de sincerarse ante el mundo, de volcar ese daño para hacerlo más liviano, recuperar el hilo de ariadna para salir de laberinto, como en su propia voz narra la poeta.  una alegoría a lo místico donde la intención es trazar un puente hacia lo humano. reincidente también este tema en la poética de elena:  lo sagrado desnudo del halo celeste, de todo aquello que lo aleja del hombre. es ese baile, la  característica, para mí, más interesante de la poesía de elena escribano, donde lo divino se desmitifica y adquiere la consistencia de una taza de café. poemas como la higuera, el mundo de las sombras o lázaro son testigos de este devenir metamórfico. ¿no es acaso la misma impotencia que siente la higuera ante un dios lleno de rabia:  Y no era tiempo de higos, /maldijo una higuera por no darle su fruto, que la impotencia de la mujer:  el que te ama se va./  En silencio ha doblado la esquina de la calle.? El deseo se alza como un dios impaciente, pero aún no es su tiempo.

después el viaje, la pérdida y el laberinto.  en reincidencias vemos el proceso de amor/destrucción/reconstrucción, de la propia autora,  y, de cualquiera que como ella, haya amado sin salir indemne.  bajar al averno y por fin regresar, hecha añicos pero con la fuerza suficiente de iluminar con palabras el desgarro transitado.


podemos encontrar también en el poema el mundo de las sombras el hilo primero, el germen o semilla, del que será el trabajo en el que anda ahora inmersa, y que esperemos y confiemos verá pronto la luz. donde de nuevo ahonda en el mito con una visión arriesgada y personal del minotauro y su laberinto.

unos poemas de reincidencias

la higuera estéril:



Y no era tiempo de higos,
maldijo una higuera por no darle su fruto
y no era tiempo de higos.

¿Se le puede exigir a la savia dormida
que se adense y se endulce y se encarne
para que Él sacie su hambre o su capricho,
si no es su tiempo, si no puede desobedecer
el orden circular que la sustenta?

Arbitrario, le exige su tributo,
soberbio, le impone que rompa
una orden más antigua que la suya,
y por negarse la condena
a la esterilidad.

¿Qué consolará sus pobres ramas desconcertadas
cuando llegue agosto y reclame su cosecha
y se estremezca y ya no pueda?

¿Quién le explicará que nunca más
el aire acariciará entre el áspero terciopelo de sus hojas
el tierno péndulo de morado intenso?

Ya no verá la tibia gota de azúcar resbalarse
y brillar por la herida de su carne abierta
entre los dedos del caminante que se detenga
bajo su sombra el próximo verano.
Ni sentirá el ruido sordo
que hace al caer el higo maduro sobre la tierra.

Nadie se embriagará al atardecer con el aroma intenso
que envuelve como una alfombra mullida
y alimenta la razón de pájaros felices.

No era tiempo de higos. La tiranía de los dioses
no se entretiene solamente con el circo de los hombres,
también abate la inocencia de una higuera.

Así el deseo. Se alza ávido como un dios impaciente
y pide fruto
que no puede nacer porque aún no es su tiempo,
porque sólo es marzo,
porque no es agosto todavía.


 el secreto:

He escondido mi tesoro en tus ojos.

No necesito verte
yo,
es mi avaricia.

el regreso:

Se ha marchado.
Hace meses que no tienes más que silencio
que llevarte a la boca,
y un dolor como de brasas en los ojos.

Reflexionas y decides que saldrás del laberinto
porque al fin su silencio es el hilo de Ariadna
que te lleva al portal de tu casa
de regreso.

Pero una pulsión en descarga
como un rayo oscuro y envolvente
te lleva al rincón donde se halla el teléfono
y un número que deberías haber borrado
de tu agenda,
un número que no has logrado retener en tu memoria
como un presentimiento del olvido.

Hasta que un día
sientes que el aire
parece limpio
y fresco,
y la luz brilla en tus ojos,
y te elevas,
y estás en ti.
Y es que por fin
has regresado contigo.


Bienvenida a casa




 el regreso:
No busca compañía.

Se envuelve en soledad
porque le hiere el aire que respira.

Si todo es llaga abierta
en la piel transparente de los días,
hasta el muy alto vuelo de los pájaros
araña la mirada

1 comentario:

Adolfo Payés dijo...

Lo grato del día es visitar tu espacio... leerte y salir del blog con el gesto en el alma de haber leído poesía maravillosa y escritos en prosa que se pliegan en los labios.....

Un abrazo
Saludos fraternos..

Feliz fin de semana..