Mar Benegas: Las palabras son testigos. Isel Rivero

domingo, 22 de julio de 2012

Las palabras son testigos. Isel Rivero

XV

Madre estoy herida mis muñecas sangran con la negra oscura sangre de los sentidos camino y aun así corro a lo largo de infinitos pasillos pálidos pasillos mi cabeza rebota golpeando las paredes que te cercan y este aguijón en mi pecho el aguijón que penetra en mí y penetra en mi carne estoy herida madre llévame lejos madre llévame lejos a otras noches de quietud de placeidez una mano me buca un olor mi olor el otro olor en mí estoy herida mis muñecas sangran colores de atrocidad agitan el fuego de las mil esquinas de mi ser y mis ojos están cegados por la maldición de la profecía estoy herida herida herida a la vigésima hora mis miembros fueron saqueados mi espina se dobló mis bocas fueron un río con otros ríos y otros ríos llévame a las oscuras habitaciones donde los animales buscan refugio llévame dentro madre bien dentro de la tierra que podría matarte de nuevo que podría que no me llevase la figura legendaria el hechizo de los ojos en los ojos y las lenguas enlazadas y las aguas sostenme que podría no perderme por esta herida que lleva al no tiempo


(...)

La ardilla mi amante
dice que debería quedarme esta noche y esperar a que el bombardeo se reinicie


por supuesto el festival continúa
a pesar de todo
por supuesto
no me importaría tanto si
Al atardecer nos tendimos
en un cesped blanco más blanco que toda la piel de oveja
 rebaños de pelo rodaron por la habitación
al atardecer la luz era azul Magritte estático furorr de nuestros labios

repite y vuelve a repetir
olvídate de la guerra de afuera
no me hagas caso
no me importaría tanto si
Y el invierno sigue deletreando nombres de temprana primavera
brotes verdes
fuera de temporada
los robles corren por el parque persiguiendo pájaros
después de todo se rieron de los cuervos
de hecho
incluso los gnasos ríen
Hay una gran confusión en estos días
pero no esperan para cenar
y reservaremos el martes pro la tarde si no el miércoles de 7 a 8
para el coito


(...)

Nunca hablé de flechas
y de martirios para recibir la gracia
y por favor haced lo que decimos
hay suficiente dolor que cargar 
y muchas ruinas que reparar

La multitud de nuevo en silencio
se dispersó
un rebaño dentro del rebaño
María mantuvo un fiero control de sí misma
y de repente sin previo aviso
habló a sus doncellas

El destino
dijo
lo  disuelve una onza de tiempo
Pilatos nunca me pidió testificar
Caifás me pidió aún menos

He visto
sentido en mis carnes
las heridas que una nueva doctrina puede conllevar

Ese ha sido el destino
que de la redención por amor
surja la redención por el odio

Ya basta pues he surgido de vosotras 
 para volver y vivir de nuevo

(...)

Les dio a sus hijas doncellas asistentes
un lirio
una violeta
una lanza

María la compasiva la guerrera
indignada por los siglos de abandono
María la Reina, la Diosa Eterna, la Hetaira,
dicho esto calló. 

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El libro Las palabras son testigos, recoge la poesía de Isel Rivero del periodo entre 1968-82, tres libros escritos en inglés por la autora y traducidos por Benito del Pliego. Isel es poeta, escritora,  feminista y socióloga.  En el 2007 recibió el Premio Julia Mayoral en reconocimiento por su destacada labor internacional en favor de la mujer.