Mar Benegas: La Huesera

jueves, 2 de agosto de 2012

La Huesera


El encuentro:

Entrar en tu blanco esqueleto es querer atravesar aquello que nos sostiene.

La Huesera vino a mi noche, me golpeó con ellos, escuché su tintineo y su porosidad. Indestructible entramado, sobre sus manos suena. Girándulas de calcio que testimonian lo ancestral, que ofrecen nuestro pánico, la soldadura irrompible del pasado se abre como una fuente transparente.

Su túnica blanca está tejida de mieloides, es un tendón extendido que articula el sueño más profundo.

Restos. Vestigios huecos: tuétano y osteocitos, ella les habla, los acuna, los vierte. Los busca y custodia, te los devuelve, devolviéndote a la vida.

La Huesera es la memoria, es la sombra que hay tras los ojos, es la imagen temida de lo oscuro, la que guarda a todos los muertos y la que liba el alma y la reproduce. Ella es el eje, La Huesera sostiene lo soterrado.

La Huesera gruñó en mi almohada y me llevó con ella, en su osario inmaculado estaba también el cadáver de mi alma.

Olisqueamos los despojos óseos, no todos eran míos, también los tuyos se encontraban.

La Huesera lamió mi rostro e hizo sonar su sonajero, pequeño cráneo relleno de falanges.

Después ordenó mis huesos en el suelo (entonces yo estaba muerta o a punto de morir), allí mi esqueleto como una alfombra cálcica.

La Huesera cantó y se recompuso mi carne.

Comed de sus manos el polvo blanco triturado, aullad, alegraos: también ella limpia y venera vuestras vertebras.

Seguidla para desollar y dejar el hueso al aire. Acompañadla por el vasto territorio de vuestros esqueleto.


Imagen: Marko Popadic