Mar Benegas: La miseria

viernes, 28 de diciembre de 2012

La miseria

La miseria eran tres mujeres. Una abuela, una hija y una nieta. La miseria era calentar agua en una olla y bañarse en el barreño. La miseria tenía tentáculos y el color tostado de la suciedad. La miseria comía pan duro y pedía limosna en los semáforos.

La abuela tenía dos pellejos que le colgaban hasta la cintura. La nieta los miraba fascinada cuando su madre le pasaba la esponja por la espalda. Hacía mucho que, como una vaca triste, trasmitió con ellos la miseria a su hija, que como buena miseria supo trasmitirla también cuando llegó el momento.

La miseria vivía en la misma habitación y dormía con ellas en la cama. La miseria daba frío y de su hambre colgaban los legajos en la comisura de los labios de la niña. La miseria era triste y ellas eran la miseria.

Pero la ternura tenía forma de esponja. Resbalaba por una espalda que sabía contar historias. Hermosas ilusiones que siempre sucedían en un país muy lejano. Volaban por la habitación, transformadas en posibilidades durante unas horas mágicas. Entonces todo olía a limpio y ellas sonreían. 




(imagen de Antanas Sutkus)