Mar Benegas: Una, dole, tele, catole: la memoria poética y la poesía en la infancia

domingo, 3 de marzo de 2013

Una, dole, tele, catole: la memoria poética y la poesía en la infancia

Artículo aparecido en la revista de la Fundación Cuatrogatos, dedicada a la investigación y fomento de la lectura en la infancia, de Miami. Un artículo que habla de la necesidad de mirar atrás, de regresar a nuestra memoria poética, incluye una recopilación de retahílas de las alumnas del taller que realicé en Atrapavientos sobre poesía infantil. Aquí podéis leer el artículo entero: http://www.cuatrogatos.org/show.php?item=439

Aquí un fragmento: 

Qué mejor manera de acercarse a la poesía que regresar a ella, volver a aquellos versos que nos hicieron reír, bailar,
palmear y recitar hasta la extenuación. Aquellas reta
hílas repletas de jitanjáforas, de construcciones gramaticales absurdas
e imposibles. Aquellos versos que nos permitían saltarnos las normas, recién aprendidas, de un lenguaje que nos
molestaba por su rigidez, igual que las faldas largas nos molestaban par
a correr y saltar con libertad, y del mismo modo
que convertíamos esas faldas en algo más cómodo, arremangando, doblando y estirando, engarzando y atando, así
también convertíamos el lenguaje en algo maleable y dócil.
Eso no ha cambiado, en los patios y e
n las calles, en los parques, allá donde haya niñas y niños, seguimos viendo y
escuchando aquellas viejas retahílas, las canciones de elegir, los trabalenguas, las adivinanzas, las enumeraciones y todo el
rito mágico de la voz y el verso. Algunas de ellas,
vivas como el propio lenguaje, han cambiado con el tiempo, flexibles
como los cuerpos donde habitan, amplias y sin fronteras como las mentes infantiles que las acogen, se han modificado con
el paso de los años. Sin embargo, también las hay que han permane
cido invariables a pesar, en muchos casos, de los
siglos. Y otras han surgido de la nada, del propio imaginario de la infancia. Pero la esencia sigue siendo la misma: la
conjunción de la palabra, el cuerpo y la emoción: el juego.
Porque a todos los niños
les gusta la poesía, al menos la poesía que no pretende condicionarlos, que no pretende cosificar
el lenguaje, ni moralizar, ni adiestrar, o, como bien expresara Gabriela Mistral:
“Lo que ha sido ésta [la poesía infantil], es muy largo de contar, un absu
rdo que podríamos llamar balbuceo de docentes:
lo primario en vez de lo elemental, el chiste en lugar de la gracia, lo ñoño dado como lo simple. Hay pocas bufonadas como
esa poesía a medio camino del adoctrinamiento y la espontaneidad.."