Mar Benegas: a la deriva
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lunes, 16 de septiembre de 2013

islas como palabras


a veces el sortilegio se desprende y la fascinación se transforma en una contundencia vitral. el misterio cae como una cáscara o un fruto maduro. una ramificación crece, imprevisible, y pondera la verdad de algo que había permanecido oculto.  lo dota de luz, del color que aporta ver. 

de mi pasión por las islas poco podré decir desde la torpeza del habla y la estrechez de lo racional. como en la mayoría de cosas que nacen del impulso invisible del instinto, es, difícilmente pensable, difícilmente traducible al lenguaje cotidiano. he andado persiguiéndolas, visitándolas, deseando vivir en ellas, soñándolas, siempre. pero a la vez me generan inquietud y rechazo, también inconscientes, y por tanto, inevitables. pero, de pronto, un resorte abre la compuerta que condensaba esos subterráneos y brota otra realidad. 

y el acantilado es el filo posible de la lengua, el archipiélago un vértigo de palabras. la isla ya no es una intuición, una metáfora inasible. la isla se convierte en la escritura misma. 

los contornos del lenguaje se levantan, erectos como un sexo candente, movidos por el deseo del contacto, se yerguen deseantes y poderosos, a la espera de encontrar el desahogo de esa voluptuosidad. pero allí quedan, con todo su esplendor. abandonados. aislados en medio de la nada mientras el oleaje de aquella otra certeza, la imposibilidad, los golpea incesamente, para siempre.

eso es la poesía, una siembra de islas, un semillero del que no brotan más que pedazos, esquirlas de lo que se sabe infinito pero muestra la sobra, el resto, una porción menos que diminuta. jamás emergerá un continente por más que me esfuerce, jamás un lugar donde existir donde quepan los otros. eso es lo que atormenta. sólo existe su deseo, el deseo de ser tierra habitable en medio del océano. sin posibilidad de friccionarse, de sorber otros barros, de abrir un camino, un mísero puente siquiera que arrebate un poco de carne a la soledad. la isla es poesía. un único reducto de paz pero también su imposibilidad, su carencia.

ni la vehemencia más absoluta del lenguaje; ni la desesperación por ver un milímetro más, por llegar un milímetro más allá; ni los intentos de enaltecerlo o despreciarlo, de nombrar para rozar su refugio, nada. nada podrá hacer que se nos muestre lo que está soterrado, ni hará emerger, del todo, ese territorio donde encontrarnos con el otro. con aquellas otras islas que sabemos pero no podemos ver. la poesía busca sus propios lindes para intentar escapar de sí misma. pero, el abismal oceáno que la contiene no podrá ser dicho, jamás, con la palabra. 



imagen: jimmy lawlor
 

sábado, 14 de septiembre de 2013

tan pequeños como un deseo todavía ni siquiera




¿tienes un espejo? la imagen que perdura no la ven los ojos. matar dos pájaros de un tiro, después llorarlos hasta que vuelvan a la vida. volverlos a matar. no hay atrocidad en la muerte de la belleza. sólo la muerte de la palabra que la nombre será atroz. si la palabra es una brizna, y acercas el fósforo encendido, mamarán los hombres la leche tibia que los avergüenza. sentirás un estallido. será el graznido de los niños blancos que gimen la ausencia ¿cuántos labios succionan la ausencia?  un graznido que pretende hablar de poesía es hablar del  infinito con la boca desgarrada  ¿sería lo mismo si el magenta temblara sobre la carne blanca de los hijos de la ausencia? habría que hablar de nada. desde la nada ver sus cuerpos desnudos, tan pequeños como un deseo todavía ni siquiera.

sería posible si el olfato, el olor dolor barro. sería posible hablar con la nariz hundida en el hedor. sería posible andar si estas palabras no pesaran tanto. un fardo como el lenguaje no permite suturas. la putrefacción de las ideas se enternece al oler sus pequeños cuerpos privados de leche. y parece que quiere salirse de su órbita. sería posible si la sangre no se coagulara antes de ser leche. si la palabra ¿quién amamantará a esos niños blancos? tan pequeños como un deseo todavía ni siquiera. 



Imagen: Roberto Kusterle

miércoles, 10 de abril de 2013

escribir







Lo infinito es una serpiente
enrollada en la cueva de mi cuerpo

cuando duermo, todo calla
entonces se escuchan las mujeres
-las que viven enterradas, bajo la piel de tierra-

van ocupándome sus voces:
las dejo salir y ellas escriben.




(Imagen Mónica Devan)

viernes, 29 de marzo de 2013

La ciudad o la palabra pájaro








IV
el triste asedio claudicará
ante la belleza o cenit de la furia

¿qué más hermoso hay que
un pueblo alzándose
con alas transparentes?

no habrá carroña
ni fábula
ni jaula suficiente



Antes de verano aparecerá el libro de poemas "La ciudad o la palabra pájaro" con la editorial Huerga y Fierro Editores. Es una alegría que llegue la primavera y que además me traiga este regalo. 

Imagen de Arno Rafael Minkkinen

domingo, 24 de marzo de 2013

Poemas de María Auxiladora Álvarez

ADORNO

una niña adorna con su cabeza

la pequeña flor muerta



****



EL HUESO DE LA APUESTA

el regreso de la excavación trae los cartílagos rotos 
el hueso de la apuesta  
es una tela corta colgando en tiras

mas en la distancia se siguen contando los granos secos
de la harina
que no alcanza


-el enfermo no atendido en el paisaje desierto- La sed que no aplaca pero ofrenda
Su sequedad

****

AÚN

Hacer 
poesía
es 
más 
o menos
comparable
a necesitar
a Dios:

esa 
respiración
que nos
falta
en
el instante
en
que
habiendo
exhalado
el
último
aire

El
nuevo
aire
no ha
entrado


Aún

****





TARDES OSCURAS

Ya no dejo a mis hijos
subirse a los árboles
debajo de la tierra

porque las tardes oscuras
debilitan las voces

y no voy a escuchar
por cuál rama van


****




Me he descarnado en tocarla
------------Está sola La Casa 
------------solo el cuerpo
-----------solos los filos que hicimos
he cuidado los bultos del miedo
me he cerrado sobre ellos
------------están solos los bloques de metal
------------desprendidos del piso
------------golpeándose
yo     que oscurezco La Casa y la aclaro
que cada vez que me duermo tengo un hijo
y una hendidura
en la tierra 
-------------y tiene muerte La Casa
-------------y tiene mala agua en su memoria 
quedo
Un hueso alto 
afilado 

******

IDEOGRAMA

una familia
de pájaros quietos
bien puede ser
un ideograma
que en un lenguaje
distinto
diga otra cosa

y puede no ser
la memoria
de los pájaros
que han muerto

la escritura de sus cuerpos
y sus últimos 
sonidos

*****

mi esposo que vive enterrado
tanto le da la vida como la muerte

yo y los niños vamos a veces
corremos en su superficie
EEEE le gritamos
con las bocas pegadas a la tierra

SAAAL queremos verte
ven a ver este sol     estas personas    estos animales
estamos alegres 

Lo oscuro de él no saluda
o se pone triste con la mano
o hace señas para que vayamos

Sal solos de ti

*****





sola con él
el cuerpo se desangra el hedor
el Cerdo
--------que se revuelca
--------lento
de nuestros hijos
de nuestros padres gelatinosos
por miedo
por escrúpulo de sangre no debías haberte ido durante el Cerdo

y dejarme 
---------con el ojo de la grasa
------------------que se revuelca 
--------------------------------lento

desde la infancia 
y hacia la muerte 

*******

hubiera podido reunirlo
el dinero doctora
vaca amarga castrada que me agrede
para tener mejor asistencia
su ojo más detenido
si el embarazo durara varios años
a medida que me hubiera ido inflamando

cada arcada
cada pelo que cayese
cada estría
lo hubiera ido guardando

recordando
su baba

bata blanca sanguinaria
porque yo trabajo mucho

vaca baba bata blanca corrosiva que me agrede
lo hubiera ido reuniendo
desde niña
de haber tenido alguna pequeña inflamación
que lo indicara

a medida que usted fuera estudiando
yo lo estuviera contando

abajo
al centro de mis cuclillas
donde ahora usted lo busca
su baba blanca castrada
no se le hubiera ensuciado
con mis fragmentos acuosos
hijo carnicero órgano semental
hubiera podido reunirlo
el dinero doctora
porque yo trabajo mucho
bata amarga vaca blanca





María Auxiliadora Álvarez (Caracas, 1956)Poemas extraídos del libro "Las nadas y las noches", una antología que recorre sus 11 libros de poesía. Editorial Candaya 

*Inicio con estos poemas de María Auxiliadora Álvarez y los de Isabel Piñana, una recopilación, que pretende ser una serie de poéticas con el cuerpo como eje central, el cuerpo como espacio de subversión y análisis. El cuerpo negado como objeto poético, la conciencia del cuerpo, la toma de contacto, la casa, el trato y maltrato, su invisibilidad. Es necesaria la identificación de los factores que tienden a la cosificación. Lo normativo como espacio a dinamitar, como espacio de lucha.*

Todas las imágenes son de Kalliope Amorphous.  












sábado, 23 de marzo de 2013

Neil Young como máquina del tiempo-Diario de pasado imperfecto III

¿Y si la música fuese uno de los ejes que han movido al ser humano, a su anhelo de querer dominar el movimiento que dibuja el arco del tiempo? Si observásemos el tiempo como un abanico, no como una linea, un abanico donde las varillas convergen en un punto, que sería el momento exacto en el que se encuentra nuestro cuerpo en la actualidad, podríamos, tal vez, identificarnos en algunos de esos puntos, como desconocidas, cercanas y cotidianas, pero personas desconocidas y ajenas. Si observo, como no puedo hacer de otro modo, mi tiempo de esta manera Neil Young estaría en alguna parte indefinida de ese arco. 

En particular algunas canciones, como Old Man o Heart of Gold, me dibujan un mapa de extrañeza. Me conmueven y me trasladan, sin contemplaciones, a un coche circulando despacio, mientras por detrás las luces de la mañana van despertando al mundo. Sale el sol y se va la noche. En la cabeza todavía flota la música y el alcohol, las risas, el baile, el amor, aquel amor por la vida y aquel odio, a partes iguales. Y él, Neil, nos calma, nos sustenta, nos guía hacia el descanso. De una manera indescifrable me siento acunada por su voz, mecida y protegida por esos acordes, por esa cadencia montónona, como una nana. Entonces yo tengo otro cuerpo y otros miedos, otra manera de contar los minutos: un minuto cabe en algo que se ha sentido, sino no sucede, no ha existido. También aquella forma precaria de mantenerme a flote. Mi cuerpo se adhería mejor a otras superficies: a las notas de música, al agua salada del mar, a la risa, a la huída continua, a los libros, a las confidencias, a las caricias. No, no fue fácil aquella adolescencia, me cuesta reconocerme, ahora, en ese yo que fui, sin embargo, sé que mi identidad se construye de ese ir y venir, hacia atrás, hacia adelante. De tensar y fijar en el arco del tiempo los puntos de amarre.

lunes, 18 de marzo de 2013

Poemas de Isabel Piñana

 3.

Nadie sabe
lo escondida que voy
en este cuerpo que me finge.





 4.

(Tengo una puerta                                              si la abro es un oráculo)







 6.

Rota y con las manos en el pecho,
tejida
la boca, el cuello, una clavícula.
Llena de costuras:

Cosida a mí misma por mí misma
madeja
-hilos de estopa verdirroja-.
Enhebro y desenhebro.

La ausencia borda
(aguja, urdimbre, estambre).

Mi cuerpo es un telar.






 8.

Pronuncio mis palabras
suenan distinto, son
como pequeños hijos
de mi boca






10.

El camino se hizo de mujeres
-guedejas de silencio,
invierno lento y húmedo-:

Múltiples islas, hogares
de piélago oscuro (y sin embargo fértil),

casas donde aúlla rápida
la dolorosa, extática
unión de la intimidad
y el mundo





 11.

Mírala: pantera. Ella goza.

Llena de carne, firme,
blande sus garras de pétalo frágil.

No exige. Conoce el equilibrio
profundo de las cosas, el núcleo
hirviente de todo.

Mírala: se desliza
exuberante y poderosa
entre las enredaderas de la piel.

Pantera.
Animal a la luz, mujer de agua 






12.

Mírala: pantera. Ella ruge.
Su oscuridad es profunda
y tiene ojos.

Su cuerpo de aceite arde,
ofrece la sangre que va a derramar
por todas sus sombras.

Pantera.
Animal a la luz, mujer en llamas. 




16.

Yo había conocido mi casa:

Sus cráteres como alfileres,
su esqueleto blanco
de orilla de playa de coral.

La había conocido, palmo a palmo.
como una piel que se estira, se encoje, se estría,
piel madre, parturienta,

caracol marino abandonado.

Hoy la casa lejana y húmeda
donde dejé a mis hijos –cálidos todos,
apenas larvas de mujer-
tiene el caparazón molido y se parece

a un cementerio.
Mi casa.

Guarda mis huesos.




20.

Y en la orilla olor a seba,
animales varados, huesos de tiempo,
surcos, pasadizos, corrientes.

Desconocida y brotada,

el mar es una hembra que gime.


 *******


Ha sido un verdadero placer descubrir la poesía de Isabel Piñana, la poesía de la sal y de la isla. Poesía del cuerpo identitario, negado, aéreo y sumergido, el cuerpo como piélago y reducto, refugio y campo de batalla. Estos poemas pertencen a su libro inédito "Las islas que me habitan - Itinerario interior".  Isabel Piñana es filóloga por la Universidad de Salamanca y doctoranda en Crítica Literaria Feminista por la Universidad de Barcelona. Actualmente trabaja como maestra de español en las islas.

Todas las imágenes son de Noell Oszvalds. 

 
 










domingo, 17 de marzo de 2013

Pequeña tiza blanca


Teresa , pequeña tiza blanca
esos monstruos que vivieron.
Sangras como ceniza el horror.
Teresa, la oscura pizarra es infinita
asoman de tus ojos los vientres hinchados
las interminables filas de muertos.

Pequeña tiza blanca
no tengas miedo
esas líneas que trazas
que parecen cicatrices
que parecen la sangre transparente
que parecen la nieve molida
que parecen un nido quebrado.
Míralas bien, Teresa,
son los caminos que te llevarán al hogar.
No tengas más miedo, pequeña,
pequeña tiza blanca. 



*Teresa vivió en un campo de concentración. Sobrevivió. Después dibujó un "hogar" en la pizarra.*

Imagen: © David Seymour-Magnum Photos-1948

domingo, 3 de febrero de 2013

Diario de pasado imperfecto II

Es curioso como la memoria traza sus propios caminos. De qué manera se establecen algunas imágenes en ella, imperturbables, como huéspedes eternos, mientras otras, más esquivas, hay que buscarlas y, si se logra recuperarlas, vuelven borrosas, con los contornos difuminados, esas imágenes en las que se hace difícil saber si fueron o no fueron. 

Pero hay recuerdos que te llevan a otros recuerdos, como una espiral de tiempo que llama al tiempo, de fotografías antiguas que van pasando, una tras otra. 

Recuerdo, como grabada a fuego, la imagen de una rampa, una escalera sin peldaños, que bajaba un metro y medio de altura, haciendo dos ángulos. Era como un tobogán de hormigón, que permitía salvar un desnivel en la parte exterior de la casa de los vecinos de mis tíos, en la montaña, donde pasaba los veranos. 

No sé si se quedó por lo que tenía de curiosa aquella construcción, como un retal, pegado allí de manera un tanto surrealista, o si fue por las horas que jugamos en aquel lugar, o, tal vez, el día en que me caí sobre su cactus, una hermosa chumbera, clavándome en la rodilla un pincho que después se infectó.

La cuestión es que ahí está, perenne, esa rampa, las pequeñas columnas circulares de madera que la sujetaban al suelo, la barandilla, también de madera, la velocidad que alcanzábamos corriendo por ella y lo alta que me parecía entonces.

Otros recuerdos de aquellos momentos quedan a su lado: las avispas, las piscinas que se construyeron gracias a que mi padre encontró un pozo de agua en aquellas áridas montañas, donde todo era un secarral. Lo recuerdo con su rama de zahorí, paseando despacio hasta dar con él, con el pozo: -Aquí está. Como un milagro, y la rama temblando, y después el agua saliendo a borbotones.

Recuerdo vivamente las estrellas en las noches de verano, fue allí donde pude vislumbrar lo enorme que es el universo. Lo hermoso de que te cuenten historias mientras estás tumbada observando el esplendor de las estrellas. Mi tío era un gran narrador, las fabulosas historias que nos contaba y nos mantenían embelesados durante horas. Y las conservas de tomate y las risas de mi tía, y sus maravillosos guisos. No, no había televisión, pero no la echábamos de menos, teníamos la rampa y millones de estrellas.

viernes, 28 de diciembre de 2012

La miseria

La miseria eran tres mujeres. Una abuela, una hija y una nieta. La miseria era calentar agua en una olla y bañarse en el barreño. La miseria tenía tentáculos y el color tostado de la suciedad. La miseria comía pan duro y pedía limosna en los semáforos.

La abuela tenía dos pellejos que le colgaban hasta la cintura. La nieta los miraba fascinada cuando su madre le pasaba la esponja por la espalda. Hacía mucho que, como una vaca triste, trasmitió con ellos la miseria a su hija, que como buena miseria supo trasmitirla también cuando llegó el momento.

La miseria vivía en la misma habitación y dormía con ellas en la cama. La miseria daba frío y de su hambre colgaban los legajos en la comisura de los labios de la niña. La miseria era triste y ellas eran la miseria.

Pero la ternura tenía forma de esponja. Resbalaba por una espalda que sabía contar historias. Hermosas ilusiones que siempre sucedían en un país muy lejano. Volaban por la habitación, transformadas en posibilidades durante unas horas mágicas. Entonces todo olía a limpio y ellas sonreían. 




(imagen de Antanas Sutkus)

jueves, 29 de noviembre de 2012

La Huesera

(Hallazgo)

Una división, un muro, una frontera, un impedimento, tabique o pared.

La Huesera lo limpia de cocaína, entiende que ese hueso está perdido: no habrá nieve suficiente para lavar la perforación/adicto/blanco/polvo.

Inhalas todavía retorciéndote, abres los pulmones de nuevo al aire, la descompresión se realiza de manera abrupta. Te has acicalado. Ante este nuevo hallazgo hay un muro interminable, un versículo de hormigón que te corta el paso.

El hurón que me olisqueó tenía forma de cíclope. Era un animal fabuloso pero su sangre olía a cadáver.


/esplacnocráneo/

Vómer (uno)

¿
t
a
b
i
q
u
e

o

f
r
o
n
t
e
r
a
?




(Cosas bonitas que llegan por correo, Susana Do Santos me manda algunas ilustraciones de La Huesera, todas preciosas, la Vieja sigue su camino)

domingo, 25 de noviembre de 2012

construir

Con las cenizas de la niñez construimos nuestra casa. Con su tristeza nuestras palabras. Con su sonrisa el pan y el agua. Con su inocencia que llegue el amor y nos encuentre desnudas.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Diario en pasado imperfecto

Cuando murió mi padre yo tenía 11 años, casi recién cumplidos. Vivíamos en un piso con un pasillo largo, el pasillo comenzaba en la puerta de casa y terminaba en el salón. Él solía sentarse en la mecedora, una mecedora de skay verde, al lado del balcón.  

Después de que muriera yo seguía viéndolo entrar en casa, oía perfectamente el ruido de la cerradura, lo veía atravesar el largo pasillo. Otras veces estaba en la mecedora, sentado, al lado del balcón, como siempre, como si nada hubiera sucedido. Así durante más de un año.

Yo entonces ya tenía mucha imaginación, eso me decía todo el mundo. También me lo dijo mi madre cuando le conté que seguía viendo a mi padre. Estábamos en la cocina y yo lo acababa de ver andando tranquilamente. Me dijo: son imaginaciones tuyas, a la vez que se le caía al suelo la cazuela que llevaba entre las manos. Era verdad que tenía mucha imaginación, por eso nunca me planteé si mi padre era "real" sabía que estaba muerto, pero yo entonces ya vivía entre dos mundos, el mundo-mundo y el otro, que entonces pensaba sólo mío. Para mí todo eso, lo otro, sucedía con naturalidad. Por eso era verdadero, sin más vueltas, tanto como aquella familia de seres diminutos que vivió en mi garganta hasta que cumplí 6 años, los veía y escuchaba con total claridad. "Amigos imaginarios" les hubieran llamado si se lo hubiera contado a algún adulto. Para mí eran tan reales como las sensaciones que tenía en mis sueños. O aquellos juegos simbólicos en los que pasé por encima de las teorías modernas que dicen que esa etapa termina en una época temprana en la vida de una niña. En mí no sudeció, seguí jugando simbólicamente hasta casi la adolescencia, inventando y dando otra vida a los objetos más inverosímiles, y sigo en ello, sólo que ahora utilizo las palabras. Ceo que nunca abando aquella etapa del juego simbólico, eso es, para mí, la poesía.

También dentro de mis sueños tenía mucha imaginación, era capaz de soñar "a la carta", cambiar mis sueños dentro de ellos con solo desearlo. Luego supe que a eso lo llaman "sueños concientes", pero la conciencia es algo muy flexible y se deja invadir por lo onírico con mucha facilidad. Entonces podía volver a soñar, si lo deseaba, por capítulos, con el sueño que dejé a medio terminar la noche anterior o antes de levantarme para beber agua, lo hacía siempre que el sueño me hubiera resultado agradable. 

Casi prefería soñar que estar despierta, y, mientras estaba despierta, los sueños también me invadían. Desarrollé una capacidad que todavía domino: estar en dos sitios a la vez: escuchando al maestro y creando una historia fantástica en mi mente. Ser capaz de saber, a pesar de no prestarles la mínima atención, lo que estaban diciendo. Eso me permitía aprobar los exámenes y contestar las preguntas imprevistas que me hacían. Perfeccioné la técnica hasta niveles insospechados, era capaz de mirar al maestro con tanta fijación que terminaba difuminándose, y lo veía borroso, dejaba de existir, sólo escuchaba su voz como un murmullo de fondo. Mientras tanto, en mi cabeza, bullían historias épicas, pero él no se daba cuenta, claro

En aquella época de control absoluto de mi subconsciente, o de control absoluto de mi subconsciente sobre mí, no tenía pesadillas. Sólo recuerdo una, muy importante eso sí, en la que me desperté llorando. Debía tener 5 años cuando soñé que había muerto Superman y sufrí muchísimo. Entonces no sabía cuanta importancia tenía ese sueño: la muerte del Héroe. Fue muy precoz para mí, pero me sirvió, sí, a un nivel que entonces ni siquiera vislumbraba. Me sirvió para darme cuenta de que los héroes no existen, están muertos, y tienes que apañártelas sola.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Apuntes. Sobre el yo en la poesía o el mercantilismo del individuo.




Tres paradojas observadas a partir de la subjetividad: 

1-Encontrar la voz propia en poesía es sólo posible cuando esa voz se aleja de la voz del yo.

La voz poética ha de ser cercana a esos "poetas con historia" que diría Marina Tsveitáieva, o a "la restauración de la dignidad en la Casa de la Palabra" de Juan Carlos Mestre,  y, siempre alejada de "la poesía del aquí no pasa nada" que citaba Eduardo Milán en una entrevista. No pasa nada, añadiría yo, o  lo que pasa es suficiente para ser  nombrado con palabras, con mis palabras, que son las palabras que ese mismo sistema aniquilador del individuo universal ha puesto en mis manos. 

La voz poética, decía, por todo esto, ha de alejarse del yo para cumplir con una función que se levante contra la segunda paradoja (la aniquilación del individuo) y que establezca nuevos interrogantes que nos acerquen a ese todo igualitario que sólo se da en lo universal. Allí donde el individuo se difumina hasta perderse y por ello mismo está más cerca de la propia esencia de lo individual (si entendemos al individuo como una célula que forma parte de un entramado, de un cuerpo universal que respira y que "pertenece" al lugar que lo ha albergado y alimentado: la tierra, la historia, la humanidad. En este caso, el lenguaje sería lo que diferencia al individuo de esas otras células que  conforman el mismo cuerpo). El poeta que tiene una voz propia está cerca de esa realidad.

Si tenemos en cuenta que "los límites del lenguaje son los límites de mi mente" (Wittgenstein), los límites de la mente y por ende del lenguaje son las palabras.  El lenguaje es infinito, porque en él subyace la historia, todas las almas, todas las mentes y todas las conexiones neuronales que han ido haciéndolo crecer. Es fácil usar las palabras, todos sabemos hacerlo, no lo es tanto usar el lenguaje para romper los rieles de esas palabras, palabras que siempre nos llevan por un camino guiado o excesivamente superficial. La voz del poeta crea nuevas rutas. Intentar clasificar la poesía como fácil o difícil, clara u oscura,  no es más que etiquetar la poesía desde la palabra, no desde el lenguaje. El lenguaje, como todo infinito que rompe los moldes de las mentes y ensancha los límites, difícilmente será "entendible" o un reflejo biográfico y narrativo del poeta, puesto que el reto que supone es precisamente reflejar ese infinito.

Pero ¿qué poéticas se alejan de estos límites, qué poesía crece dejando de lado las palabras como fin y usándolas como herramientas fragmentadoras del lenguaje? María Zambrano apunta hacia el "sueño creador", también Marina Tsveitáieva habla del "sueño de los poetas", para referirse,  ambas, a ese vasto continente sumergido que es el insconsciente y los sueños, o la materia poética como catapulta del lenguaje que traspasa la palabra y lo lanza más allá de lo comprensible razonadamente, que roza lo mítico o precognitivo. 

La poesía es respuesta, mientras que la filosofía es pregunta. El poeta llega antes a la verdad que el filósofo. Y las respuestas hacen al mundo mucho más amable y más seguro” como decía María Zambrano.  Es por tanto función del poeta dar respuestas desde ese "sueño creador", desde la "razón poética" que vinculaba la poesía con todo lo sagrado y místico que se escapa a la filosofía. Ahí se halla la voz propia que no es otra que la universal: multibiográfica, propia pero ajena, sin contornos yoicos definidos. 

2- La estructura sistémica es aniquiladora per se del individuo, a pesar de que se establece el individuo como único trono posible. 

El poeta que se entrega a la búsqueda y experimentación del lenguaje consigue destruír la construcción social del individuo cosificado, a más indagación, lecturas y ruptura de los límites, más desapego en su poesía de todo lo que conlleva el individualismo. 

Así el poeta  mantiene un pulso constante con el uso hegemónico que el poder hace de la palabra. El mercantilismo no puede usurpar la veracidad del lenguaje como infinito. La razón metáforica, adquiere el reflejo de las respuestas filosóficas que dijera Zambrano. 

Allá donde no llega el poder y la palabra ha de llegar la poesía, para fracturar lo establecido y dejar testimonio de la memoria. Si bien este acercamiento no puede darse desde un posicionamiento falaz, no se puede escribir desde "el otro", como bien escribe Enrique Falcón: no puede el poeta pretender ser la voz del pueblo o de los oprimidos, de las mujeres asesinadas o de los niños maltratados. 

Es precisamente la palabra "poética/metafórica" la que ha usurpado la gran industria comercial: "razones para creer", "tenemos derecho a soñar y que se haga realiad" (http://www.cocacola.es/razonesparacreer), de esta manera se establecen parámetros para la aniquilación del individuo, con la externalización y la transacción comercial de todo lo que ha de ser custodiado por el lenguaje y la poesía. 

Es en ese espacio donde se hallan las respuestas fáciles, donde los mercados se erigen como templos de sabiduría que sustituyen la introspección, el análisis y el reto de la búsqueda constante por mensajes fácilmente digeribles. Placebo superficial para las masas, para aniquilar las preguntas dando respuestas que obedecen a fines estrictamente esclavistas marcados por el consumo.

El individuo es encadenado a base de olvidar la trascendencia que emana su interior, de olvidar su complejidad, de olvidar que sólo es posible "ver a ese otro" desde la propia miseria de uno mismo. La compasión distanciada y que surge de la intención de "lavar la conciencia propia" es obscena y se aprende en esos nuevos mensajes "espirituales" o  "poéticos" que nos ofrecen las grandes marcas. 

La invisibilización sistemática de esa realidad no conduce a una mejor o mayor paz al individuo, más bien es un motivo de escisión entre esa multitud de "otros" que conviven en él, una escisión que se traduce en las enfermedades de una humanidad farmacolizada, mercantatilizada y tan lejos de la esencia poética individual que nace de la trascendencia.

La voz del poeta es fácilmente distinguible porque se alza contra la aniquilización de este individuo "que padece su propia transcendencia" (M. Zambrano).

En el momento en que el sujeto poético se convierte en un  objeto,  la poesía, y las artes en general, no son más que copias de este modelo mercantil. La poesía que convierte al otro en "objeto" de compasión, las odas a lo femenino, al amor romántico, al sexo, lo excesivamente narrativo o prosaico, los poemas, ahí, quedan bañados por la suplantación, son versos que no atraviesan el lenguaje, donde no subyace la realidad metafórica del simbolismo humano. Todo ello hace crecer la imagen de un individuo simple, que prefiere no arremeter contra sus propias limitaciones. Se trata de la aniquilación del individuo complejo y multidimensional en pos del individuo manso.
3- El lenguaje y la palabra divergen en la poesía, aunque sólo pueda darse la poesía en el momento en que ambas conviven.

Si entendemos la palabra como una parte del engranaje del lenguaje y al lenguaje como un todo articulado, vivo, que crece y se expande,  no sólo de palabras habrá de construirse la poesía. 

La palabra como herramienta poética única convierte a la poesía en algo rígido, sin alma,  y al poeta en un mero trasmisor de la razón, o intérprete de una emocionalidad básica, que no nos sumerge en el misterio, ni nos interpela ni anima a búsquedas más completas.

La palabra es raciocinio por lo tanto los mapas que puede trazar han de ir más allá de las construcciones establecidas por éste, así habrá un viraje hacia el lenguaje poético, hacia la voz propia. Si esto sucede, la poesía transcenderá el tiempo y la materia anímica, será "universal" como el propio lenguaje. Por eso, a pesar de que el paso del tiempo arrastra los textos poéticos y elije los que perduran, siempre son aquellos textos en los que palabra y lenguaje se han aunado en una misma dirección, en los que las  palabras han servido al lenguaje y no a la inversa. En los que la devoción hacia la poesía ha estado más allá del yo del poeta. Son los poetas con "sueños creadores" que se alejan de su individualidad a pesar de dejar la huella de sus palabras, de su lenguaje en la poesía.


Imagen: Escher.