Mar Benegas: artículo
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jueves, 26 de febrero de 2015

HERALDO DE ARAGÓN Y BTV

Julia, de la librería Antígona, de Zaragoza, firma y estrena espacio en el periódico heraldo de Aragón. Y, menudo honor, comienza con una estupenda reseña/artículo sobre mis libros. Gracias, Julia.


Y justo ayer, recomendaron la 2ª edición de Abecedario del cuerpo imaginado:


domingo, 15 de febrero de 2015

Prensa ABC

Siempre es genial que se acuerden de la poesía infantil en la prensa, si la LIJ es la gran olvidada, la poesía infantil es el olvido del olvido, así que cuando hay algún artículo al respecto, como este en El Asombrario o este otro en El País,  es motivo de alegría. Un lujo que se acuerden de mí y me llamen para preguntar o se acuerden de mis libros. El pasado 13 de febrero, Paloma Torres, en ABC firmó un artículo con algunas recomedaciones, entre ellas 44 poemas para leer con niños y A lo bestia :http://www.abc.es/cultura/cultural/20150210/abci-poesia-infantil-recomendacion-201502101318.html


viernes, 9 de enero de 2015

LEER LA VIDA PARA PODER ESCRIBIRLA


El número 61 de la revista BIBLIOTECA, de la Red de Bibliotecas de Salamanca, ya está impreso y llegando a todas las bibliotecas de España. Para mí es un absoluto honor que Isabel Sánchez Fernández me invitase a participar, la calidad de la revista y el ahínco por fomentar la cultura y la lectura en las BP de Salamanca es ejemplar. Os dejo mi participación en dicha revista esperando que os guste, y, si podéis, conseguid un ejemplar de la revista: 

Leer la vida para poder escribirla.



¿Dónde encontrar paz?



El pacto con la ficción corresponde a una voluntaria aceptación: el deseo de entrar en el bosque. Un bosque donde la palabra palpita, incandescente, y levanta puentes. Hacedora de caminos pero también de trampas. Un bosque donde todo vale y así es aceptado de antemano, antes de atravesar su puerta. La palabra y la imaginación se alían, se convierten en creadoras de realidades y caminos. Ahí los libros: cada uno un árbol de este frondoso refugio.



El camino que atraviesa el bosque nos aleja de la vida real. Es un territorio pacífico, incluso cuando narre la guerra más cruel, pues nos aporta el sosiego necesario.



El bosque de la ficción, el de los libros; pero también el otro, el que se abre hacia adentro, están construidos de la misma materia, son la misma cosa, por eso, pasear por el bosque de la ficción calma el miedo al bosque interior, el personal, el infinito bosque de nuestro inconsciente.



En el bosque de la ficción encontramos los mismos símbolos que alumbran, que sanan, que muestran. Son los símbolos-maestro, los que enseñan, como los cuentos de hadas, los misterios de la vida y sus peligros. Y también las historias que son gasa y bálsamo para restaurar los incendios devastadores del alma. O aquellas que cuentan todo lo que no podremos realizar y se vive desde ellas.



Y así poder vivir tres veces: la vida, los sueños y los libros, ¿acaso no es todo lo mismo?



En este bosque; un ecosistema que contiene otro y a otro y a otro...; la poesía es la tierra y el sol, el agua y cada hoja de sus árboles, y cada brizna, y cada destello de luz. La poesía está hecha con la misma materia de la que se construyen los símbolos nocturnos, con las mismas luminarias y las mismas alas. La poesía es la materia prima de todo lo onírico.



Y, no nos olvidemos, somos aquello que fuimos capaces de soñar, para bien y para mal.



¿Cuándo descubrí ese trayecto de ida y vuelta?



Comencé a leer la vida como si se tratara de un libro, bien pequeña. Antes incluso de descubrir el amor por la lectura. Mi deseo de entrar en el bosque de la ficción o salir del callejón de la vida real comenzó, creo, sobre los cinco años, fue entonces cuando me sentí “habitada”. Yo no sabía si esa cantidad de experiencias; que se gestaban, nacían, crecían y morían sin que nadie, más que yo, lo supiera; sucedía también en los demás. En realidad, tanto el exceso de fantasía como la familia de seres diminutos que vivían en mi garganta, o los sueños que todavía hoy recuerdo, conformaron una realidad diferente, una necesidad de evasión que se evaporaba, solamente, con ese ir y venir, llegar y atravesar la puerta del bosque.



Cuando llegaron los libros, este ir y venir, pudo suceder con más naturalidad. Mi “estar en las nubes” sucedía con el beneplácito de los adultos. Pero no, yo no estaba en las nubes, estaba en las profundidades de aquel bosque, perdida, aquellos mundos íntimos que nadie podía imaginar. Sí, comencé a leer mi vida cuando todavía no sabía leer. Y luego llegaron los libros, que abrieron otros bosques, pero también inclinaron la balanza: de la soledad hacia la tribu desconocida y lejana pero que sentía parte de mí. Recuerdo aquellas palabras pronunciadas por María, la bibliotecaria de mi pueblo: “puedes llevártelos a casa”, dijo. Y sin saberlo me dio una llave.



Pero toda construcción de un camino necesita vocación, creo yo. Hay que apartar ramas y aplanar la tierra, ir y venir, mil veces, transitar, volver a ir y volver a venir hasta que el camino emerge y es visible y nos permite no perdernos. Es decir, todo camino necesita tener un destino, incierto o no, pero destino al fin y al cabo.



Yo tuve esa vocación, casi necesidad, diría, de abrir un camino. Una senda que me llevase a un lugar menos asfixiante. Y, además, explicarlo. Dejar de temer aquel universo que se extendía, como un territorio infinito a veces oscuro y peligroso, otras veces luminoso, pero siempre hacia adentro. Necesitaba un espejo, como el de Alicia, que pudiera atravesar y luego volver. Donde las normas obedecieran, exclusivamente, al caos, o al orden de lo ficcional, a la emoción, al mundo de lo imaginado. Un lugar donde todo fuera posible y me permitiera crear un mundo a mi medida. Una ventana a aquellos símbolos que se manifestaban, sobre todo, en mis sueños. Y las normas las establecía el lenguaje creador y evocativo y las imágenes que a través suyo emergían. Desde muy pequeña tuve el control y la entrada a un fabuloso mundo onírico, que ramificó, creo, también en la parte consciente de mi pensamiento. Y todo eso podía encontrar su reflejo, una afinidad; como aquel patito feo que por fin encuentra a los suyos; en los libros.



¿Y la poesía, desde dónde llegó?



Demasiado pronto vi que el mundo tenía dos caras, una era dolorosa y la otra bella las dos me dolían por igual. Recuerdo la mano pobre de mi madre acercando una moneda a una mano más pobre todavía. Recuerdo no tener televisión hasta mucho después que todos mis amigos. Recuerdo aquella casa viejísima que albergaba a los ocho hermanos y a sus dos padres, ambos hijos de la guerra. Recuerdo las manos de aquel hombre, tan cruel, lanzando cachorros contra la pared y cómo las lágrimas se quebraron dentro de mis párpados, cómo se quedaron en la garganta todas las palabras que, muchos años después, expresaría en un poema.



Tanto dolor para tan poco cuerpo. Había tantas cosas que no podía explicar con las palabras normales, con las que contaba cosas a mis amigas, o con las que respondía a los maestros. Necesité indagar, llegar con el lenguaje donde no llegaba nada más. Así surgió, sin poder nombrarlo todavía, el primer poema.



Porque, pensemos lo que pensemos, vivir no es fácil, y menos todavía para los niños. Vivir duele, y la ficción nos ayuda, para eso está. La lectura es un abrevadero donde saciar la sed pero también donde detenerse a descansar en el arduo trayecto del vivir.



Desde siempre, escribir y leer, para mí, no pueden ser separados, son la misma cosa. Los libros fueron la compañía perfecta para ese ir y venir. Leía el mundo: los árboles, las personas, las emociones, los paisajes. Todo era, y es, transformado en ficción. Todo pasado por el tamiz de lo metafórico, la poesía como transformación de la perplejidad continua en la que veo inmersa si miro el mundo real. La poesía como jugo gástrico que ayuda a la digestión de una realidad que cuesta digerir de otro modo.



Leía, y leo, con la misma devoción el rostro de una anciana, que una conversación interesante, que aquel poema de Lorca. Leía, y leo, la vida. Los libros son la vida misma, pequeñas cápsulas de vida, otras, que hacían que no me sintiera tan sola. Con los libros establecí ese pacto, que todavía dura, y que había establecido ya antes, de bien pequeña conmigo misma: es mi universo, el de adentro y todo lo fabuloso puede acontecer.



En la vida real había cosas, demasiadas, que no podía expresar de ninguna manera. Aquellas cosas que me dañaban, porque el mundo es doloroso, porque es injusto y no se comprende. Pero también me hería la belleza. Aquellas pequeñas laceraciones que se abrían en mi espíritu cuando miraba hacia el cielo, o cuando me asomaba al balcón, o cuando estaba en la cama de un hospital.  Eran las heridas que no podía sanar con las manos de mi vida corriente.



Y por eso necesité las manos de la poesía (que todavía no tenía nombre para mí). Necesité el barro de la palabra para construir la casa del poema. Un refugio donde guarecerme. Como necesité, sin saberlo, aquellos libros “de mayores” que leía a escondidas, que me ayudaron a desbrozar el camino de ida y vuelta, al bosque de la ficción.



De pronto, el mundo, se abrió ante mí como algo que yo podía leer y reescribir para transformarlo, ese era el único modo, para mí, de estar en él. El lenguaje, la poesía, fueron un campo de trigo donde pude alimentarme. Y los libros, siempre llenos, saciados, generosos.



Aquellas semillas se convierten en espigas que que luego se transforman en harina. Amasar y hornear. Así, el pan de la palabra: alimento que crece en el interior del bosque. 

Mar Benegas

miércoles, 3 de diciembre de 2014

martes, 13 de mayo de 2014

POESÍA, SUBVERSIÓN, CREATIVIDAD Y ACCIÓN SOCIAL:


Reflexionar en torno a la poesía, a la falta de lectura de la misma y al bloqueo sistemático de la creatividad en la infancia. Reflexionar, mucho, sobre la necesidad y función poética como catalizadora y expositora de otras realidades, como herramienta fundamental para el cambio social: pensamiento es lenguaje. La capacidad mermada de generar otros mundos a partir de la inventiva. Los circuitos que se establecen y crecen robustos cuando se permite el juego creativo en todas sus facetas y vertientes, la poesía como una vía abierta que comunica el sentir y el pensar.
Existe y se fomenta, con verdadero énfasis y esfuerzo, la anulación sistemática de esta creatividad, la intención es formar, exclusivamente, individuos productivos.

(Para seguir leyendo: http://secomenlaluna.wordpress.com/2014/05/12/poesia-subversion-creatividad-y-accion-social/)

viernes, 4 de abril de 2014

ARTICULOS, CITAS Y ACTIVIDADES

Con motivo del Día Internacional de la Literatura Infantil y Juvenil:

Ayer, en el periódico El País, (edición impresa y digital) apareció un artículo en el que me invitaron a participar (a modo de entrevista),de  Javier Salvatierra. Para mí es una alegría que un medio como El País, se haga eco de la poesía en la infancia, la verdad. El artículo ha tenido una gran difusión en la redes y, espero, de corazón, que sirva para que se lea más poesía a los niños. El artículo comienza así:

“El hecho de que un libro sea hermoso, lo hace más atractivo tanto a los ojos de los adultos como a los de los niños”. Aunque obvia, no deja de ser significativa la frase de Mar Benegas, autora de A lo bestia (Litera Libros), más aún cuando nos referimos a poesía, la “hermana menor”, o la “hermana grande desterrada” de la literatura en cuanto a su difusión."

Para leerlo completo El momento de la poesía para niños, aquí:
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/02/actualidad/1396432467_891150.html

También, pero desde Miami, la Fundación Cuatrogatos, puso en marcha una bonita iniciativa y contaron conmigo: http://blog.cuatrogatos.org/blog/?p=1912


domingo, 3 de marzo de 2013

Una, dole, tele, catole: la memoria poética y la poesía en la infancia

Artículo aparecido en la revista de la Fundación Cuatrogatos, dedicada a la investigación y fomento de la lectura en la infancia, de Miami. Un artículo que habla de la necesidad de mirar atrás, de regresar a nuestra memoria poética, incluye una recopilación de retahílas de las alumnas del taller que realicé en Atrapavientos sobre poesía infantil. Aquí podéis leer el artículo entero: http://www.cuatrogatos.org/show.php?item=439

Aquí un fragmento: 

Qué mejor manera de acercarse a la poesía que regresar a ella, volver a aquellos versos que nos hicieron reír, bailar,
palmear y recitar hasta la extenuación. Aquellas reta
hílas repletas de jitanjáforas, de construcciones gramaticales absurdas
e imposibles. Aquellos versos que nos permitían saltarnos las normas, recién aprendidas, de un lenguaje que nos
molestaba por su rigidez, igual que las faldas largas nos molestaban par
a correr y saltar con libertad, y del mismo modo
que convertíamos esas faldas en algo más cómodo, arremangando, doblando y estirando, engarzando y atando, así
también convertíamos el lenguaje en algo maleable y dócil.
Eso no ha cambiado, en los patios y e
n las calles, en los parques, allá donde haya niñas y niños, seguimos viendo y
escuchando aquellas viejas retahílas, las canciones de elegir, los trabalenguas, las adivinanzas, las enumeraciones y todo el
rito mágico de la voz y el verso. Algunas de ellas,
vivas como el propio lenguaje, han cambiado con el tiempo, flexibles
como los cuerpos donde habitan, amplias y sin fronteras como las mentes infantiles que las acogen, se han modificado con
el paso de los años. Sin embargo, también las hay que han permane
cido invariables a pesar, en muchos casos, de los
siglos. Y otras han surgido de la nada, del propio imaginario de la infancia. Pero la esencia sigue siendo la misma: la
conjunción de la palabra, el cuerpo y la emoción: el juego.
Porque a todos los niños
les gusta la poesía, al menos la poesía que no pretende condicionarlos, que no pretende cosificar
el lenguaje, ni moralizar, ni adiestrar, o, como bien expresara Gabriela Mistral:
“Lo que ha sido ésta [la poesía infantil], es muy largo de contar, un absu
rdo que podríamos llamar balbuceo de docentes:
lo primario en vez de lo elemental, el chiste en lugar de la gracia, lo ñoño dado como lo simple. Hay pocas bufonadas como
esa poesía a medio camino del adoctrinamiento y la espontaneidad.."

sábado, 28 de julio de 2012

Caoscopia, de Yaiza Martínez

 Reseña aparecida en Culturumas, del libro de Yaiza Martínez, dentro de la colección Once que coordinan Víktor Gómez y Javier Gil, de Amargord Ediciones. El enlace a la reseña publicada en el sitio aquí: http://www.culturamas.es/blog/2012/06/30/caoscopia/
Caoscopia 
Yaiza Martínez 

ISBN: 978-84-15398-48-6
Colección ONCE de Amargord Ediciones

Por Mar Benegas

El ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje, El Ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje, El ser, El no-ser, Voz del amor, En el lenguaje. Estas son las partes de Caoscopia, reiterativas y rítmicas, podríamos llegar a la certeza de que estas partes se conforman como un insistente goteo,  antes incluso de que la poeta nos explique, al final del libro, de dónde viene el término “caoscopia” y la luz que ofrece esta fórmula para ordenar el aparente caos.

Con esta curva semántica  vuelve, de nuevo, la poeta a su inmersión arquetípica en el lenguaje. Un escalón nuevo  que inició con su anterior libro, Siete los perros del cielo, en un descenso a las raíces mismas de su cosmología: el lenguaje como organismo vivo y vivificante que atesora todos los símbolos de la consciencia.

No es posible leer Caoscopia desde la razón, tendrá el lector que olvidarse de mantener una relación vertical con el texto, de una lectura lineal en la que prime la fórmula de ordenación natural entre las letras y su interpretación, y dejarse llevar por la simbología matricial del ritmo interno del libro.

Un tam-tam, un gota a gota, un canto, una repetición… lo circular que tiende al infinito, de la misma manera que la disposición de los diferentes capítulos del libro. También el resultado de esta  búsqueda que se inicia en el primer poema, y en cualquier intento de acercarse al caos, para darle un orden geométrico: una imagen que lo atrape. Encontramos el ocho tumbado, el número indecible en varios poemas del libro:

La pronunciación se dispara, luego dijo: es un orden en el Caos desnudo, esto es el número indecible… Y se mesa, se mece, y vuelta al canto.

Canto que bascula entre el Eros y el Tánatos, lo que se aferra y lo que se desprende, la tierra y el cielo, pues la poeta dispone las palabras  y las deja caer. Da nombre sin olvidar el núcleo, la raíz: todo lo que nace muere, y todo lo que vive ama:

De esta forma, lo inerte -por el amor dispuesto en el lenguaje- cobra sustancia arcana y respira.

Los que conozcan el anterior libro de la poeta, Siete los perros del cielo, verán que, conocedora de esta realidad, también la voz poética vuelve, se aferra y se desprende. De nuevo estamos ante un poemario fractal, donde cada cita u anotación (el libro está lleno de ellas) lo hace crecer en su circular geometría.

Caoscopia es la consciencia de la inconsciencia, en él afloran y se imprimen en cada imagen, en cada verso, atravesado por las Matrioskas, las diosas hindúes, los mitos, los héroes, afloran, como decía,  los  arquetipos colectivos que subyacen tras el lenguaje como herramienta de búsqueda y crecimiento.

La individuación que trasciende lo personal y se posa en el pasado y en lo colectivo, el camino crece como un gota a gota constante, desde ahí, sabemos que es imposible tejer un futuro más amable sin tomar conciencia de lo que es el lenguaje, de nuestro pasado, del otro. Igual que la curva suave que forma el caos de un grifo mal cerrado, habremos de nombrar y cantar los arcanos de nuestra oscuridad para hacer sonar un nuevo mantra: de las antepasadas cultiva el menstruo/ en el surco de los cantos/ ¡venas, ven, venid!