Mar Benegas: mujeres
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martes, 26 de noviembre de 2013

Dones i llibres (Mujeres y libros)



Jornada:  Dones i llibres (Mujeres y libros) mañana a las 17.00 en la GVA Biblioteca de la Dona
Calle Castán Tobeñas, 77. Valencia.
 
"Dirigido principalmente a las finalistas de los últimos Concursos de Narrativa para Mujeres, y a las amantes de la lectura y la escritura, el acto se inscribe en las acciones de la Dirección General de Familia y Mujer con el objetivo de fomentar la creatividad de las mujeres y su difusión y visibilización.

Organizado por la Conselleria Bienestar Social, a través de la Dirección General de Familia y Mujer, este acto contará con la participación y el impulso de Lucia Cerón Hernández, Secretaria Autonómica de Familia y Solidaridad, y de Laura Chorro Diéguez, Directora General de Familia y Mujer.

En esta ocasión, se ha contado con la colaboración de cuatro mujeres de relieve en el mundo del libro:
Mar Benegas, escritora y experta en animación a la lectura, por la experiencia de una vida dedicada a la literatura para todas las edades;
Bárbara Blasco, escritora, por la experiencia de enfrentarse con la primera publicación en la calle;
Rosa Serrano, editora, por toda una vida editando, y su actividad en la Asociació d'Editors del País Valencià; y
Yolanda Barambio, servicios de publicación, por su experiencia en los nuevos contextos de apoyo a la difusión de la obra literaria.

La Jornada tendrá lugar en la Sala 1 del Edificio A de la Ciudad Administrativa 9 d'Octubre.
Por motivos de aforo de la Sala, se ruega confirmar asistencia: biblioteca.dgmi_val@gva.es"

miércoles, 3 de abril de 2013

Poéticas de cuerpo- Poemas de MARGARET ATWOOD


OTROS POSIBLES PENSAMIENTOS DESDE DEBAJO DE LA TIERRA
 
Abajo. Enterrada. Puedo oír
risas leves y pasos; la estridencia
del cristal y el acero

los invasores de quienes tenían
el bosque por refugio
y el fuego por terror y algo sagrado
los herederos, los que levantaron
frágiles estructuras.

Mi corazón enterrado por décadas
de pensamientos anteriores, reza todavía

Ah derriba este orgullo de cristal, Babilonia
cimentada sin fuego, a través del subsuelo
reza a mi inexpresivo fósil Dios.

Pero se quedan. Extinguida. Siento
desprecio y, sin embargo, pena: lo que los huesos
de los grandes reptiles
desintegrados por algo
(digamos por el
clima) fuera del ámbito
que su simple sentido
de lo que era bueno les trazaba

sentían cuando eran
perseguidos, enterrada entre los suaves inmorales
insensibles mamíferos deshechos.




TORTURA

¿Qué sucede en los silencios
de esta conversación?
Esa que trata de la libertad
y la política y la falta de pasión. 

Sólo esto: pienso en la mujer
que no mataron,
sino que le cosieron
la cara; le taparon la boca hasta dejar
un agujero como una paja,
y la devolvieron a la calle,
un signo mudo. 

No importa dónde 
lo hicieron o por qué, o si
lo hizo un partido u otro;
esas cosas se hacen en cuanto
existen los partidos. 

Y no sé si los hombres buenos
con sus flamantes vidas existen
gracias a esta mujer o a pesar 
de ella.
    Pero un poder
como ése no es abstracto,
no tiene que ver con la política
ni con la libertad, va más allá de lemas de partidos;
y respecto a la pasión, he aquí
su intrincada negación:
ese cuchillo que te arranca los amantes
de la carne como tumores,
dejándote sin pechos
y sin nombre,
plana, sin sangre, tu propia voz
cauterizada por tanto dolor;

un cuerpo desollado que desatan
cuerda por cuerda y cuelgan
de la pared, un estandarte
desplegado por el mismo motivo
que las banderas.


UN ASUNTO DE MUJERES

La mujer del aparato con púas,
agujereado como un colador, que le aprisiona
la cintura y el espacio entre las piernas
es la Prueba A.

La mujer de negro que mira a través
de una celosía y tiene una estaca
de madera de diez centímetros metida
entre las piernas para que no la puedan violar,
es la Prueba B.

La Prueba C es la muchacha
que las matronas arrastran al monte
y obligan a cantar mientras sajan la carne
de entre sus piernas, luego atan sus muslos,
hasta que le salen costras y la creen curada.
Ahora puede casarse.
Para cada nacimiento la abrirán
en canal, luego la coserán. 

A los hombres les gustan las mujeres bien apretadas.
Las que mueren son enterradas con cuidado. 

La siguiente prueba yace sobre su espalda,
mientras ochenta hombres cada noche
se mueven a través de ella, diez cada hora. 
Mira al techo, escucha
cómo la puerta se abre y se cierra.
Un timbre sigue sonando.
Nadie sabe cómo llegó hasta aquí. 

Verás que lo que tienen en común
está entre las piernas. ¿Por esto
se lucha en las guerras?
Territorio enemigo, tierra de 
nadie, que se penetra furtivamente,
cercada, poseída, pero nunca con certeza;
escenario de estas incursiones desesperadas
a medianoche, capturas
y crímenes viscosos, guantes de médicos
grasientos de sangre, carne inerte, fuente 
del inquietante poder que posees. 

Este lugar no es un museo.
¿Quién inventó la palabra amor?




 HOTEL

Me despierto a oscuras
en una habitaicón extraña.
Hay una voz en e ltecho
con un mensaje para mí.

Repite una y otra vez
la misma ausencia de palabras,

el sonido que el amor hace
cuando alcanza la tierra,

metido a la fuerza en un cuerpo,
acorralado. Arriba hay una mujer

sin cara y con un animal
desconocido que tiembla dentro de ella.

Enseña los dientes y solloza;
la voz susurra a través de las paredes y el suelo;
ahora está suelta, libre y corriendo
cuesta abajo hacia el mar, como agua.

Examina el aire alrededor y encuentra
espacio. Al final, me

penetra y se vuelve mía. 



DELETREO 
(fragmentos)

*
Vuelvo a la historia
de la mujer atrapada en la guerra
durante su parto, sus muslos atados
con fuerza por el enemigo
para que no pueda dar a luz. 

*

Antepasada: la bruja en la hoguera,
su boca cubierta por cuero
para estrangular las palabras.

Una palabra tras una palabra
tras una palabra, es poder. 


En el punto en que el lenguaje cae
de los huesos calientes, ese momento
en que la roca se abre y la tiniebla
fluye como la sangre, en
el punto en que el granito se derrite,
cuando los huesos saben
que están huecos y la palabra
se parte y se dobla y dice 
la verdad y el cuerpo
mismo se vuelve boca.

Esto es una metáfora. 


HONGOS

IV

No sólo
los recojo para comer,
sino por el placer de recogerlos y porque
huelen a muerte y a las pieles
de cera de los recién nacidos,
carne hecha tierra, tierra hecha carne.

He aquí un puñado
de sombra que te he devuelto:
la podredumbre, la esperanza, un bocado
de estiércol, la poesía.




UNA MUJER POBRE APRENDE A ESCRIBIR

.
Está en cuclillas, los pies desnudos,
abiertos, sin
gracia; la falda metida alrededor de los tobillos.
.
Tiene la cara marchita y agrietada.
Parece vieja,
más vieja que nadie.
.
Probablemente tiene treinta años.
Sus manos, también arrugadas y agrietadas,
garabatean con torpeza. Su pelo está escondido.
.
Escribe con un palo, laboriosamente,
en la tierra húmeda y gris,
mientras frunce, con ansiedad, el ceño.
.
Escribe letras grandes, anchas.
Ahí está, terminada,
su primera palabra hasta ahora.
.
Nunca pensó que podría hacerlo,
ella, no.
Eso era para otros.
.
Mira hacia arriba, sonríe
como disculpándose,
pero no lo hace; esta vez, no; ahora sí lo hizo bien.
.
¿Qué está escrito en el barro?
Su nombre. No podemos leerlo.
Pero lo podemos adivinar. Mira su cara:.
¿Es una Flor gozosa? ¿Radiante? ¿Sol reflejado en el Agua?



TUS HIJOS SE CORTAN LAS MANOS

Tus hijos se cortan las manos
al acercarse a través del espejo
a donde el ser amado solía guarecerse.

No te lo esperabas,
creías que querían ser felices,
no llenarse de heridas.

Creías que la felicidad
les llegaría simplemente, sin esfuerzo
y sin ningún trabajo,

como el canto de un pájaro,
o una flor en el sendero,
o un banco de peces del color de la
plata;

pero ahora se han herido
con el amor, y lloran en secreto,
e incluso tus manos están entumecidas;
porque no puedes hacer nada,
porque no les dijiste que no lo
hicieran,
pues no creías
que fuera necesario,
y ahora te encuentras todo el cristal
roto
y tus hijos, con las manos
ensangrentadas,

aún se aferran a las lunas y a los
ecos,
al vacío y las sombras,
de la misma manera que tú lo hiciste entonces.


 La poesía y narrativa de Margaret Atwood está trenzada con la frágil bestialidad de la vida. El cuerpo, en plena coherencia con su militancia feminista y pro-derechos humanos, es un eje vertebral de toda su escritura. Es fabulosa su capacidad para hacer llegar la transferencia, como transfigura al lector, como, esa mujer a la que atan las piernas "para que no pueda dar a luz", se convierte en los ojos que la presienten entre las letras. Una brutalidad dulce es el cuerpo que trabaja Margaret Atwood: el cuerpo que erosiona, que moldea, que esculpe, que rompe y talla, que se levanta y grita, que necesita desatarse. Desde lo más desnudo y vulnerable. Ese territorio expoliado y dominado, saqueado, sometido, es mostrado sin pudor: mujeres desnudas que se desangran por los siglos de negación. Las madres, los hijos, las antepasadas. La restitución de la dignidad.

Poemas de los libros: Historias Reales, La Puerta (ambos de Bruguera Ed. Traducción: María Pilar Somacarrera) y Los Diarios de Susanna Moodie (Pretextos Ed. Traducción: Álvaro García).


Imágenes de Mariana Palova (aquí).


viernes, 6 de julio de 2012

El lenguaje íntimo de las mujeres


Hace unos meses tuve el placer de participar en un conversatorio, promovido por la revista de arte y pensamiento Bostezo y que será publicado en su próximo número, la revista, en esta ocasión irá dedicaca a los genitales.

La idea principal nació ante la obtusa postura de Facebook de censurar una fotografía de unas galletas que tenían forma de vulva, de manera reiterada, mientras que por la misma red social, corren fotografías mucho más "obscenas" sin que esto suceda.

Así que un grupo de mujeres de diferentes generaciones fuimos invitadas a esta charla que sólo tenía una premisa: conversar sobre los genitales femeninos, más concretamente, sobre la vulva. La cita se dio en La alegre conchita, una tienda para mujeres de Valencia.

La conversación se extendió por más de dos horas y salieron, según nos han contado, más de 30 folios. Bueno, la cosa va más allá de estos datos y de las palabras que allí se pronunciaron, de las que podréis haceros eco cuando salga la revista, revista que por otra parte os recomiendo vivamente, no sólo este número si no todos los anteriores.

Lo que realmente me gustaría compartir fue la sensación de algo que no sé si seré capaz de explicar y es ese (otro) lenguaje para el que no existen palabras suficientes, valga este ejemplo para intentar plasmar una realidad que he podido sentir en muchísimas ocasiones.

El otro día departía con una persona sobre la existencia de las cosas a partir del lenguaje que las nombra. La otra persona defendía la idea de que si no hay una palabra que las defina, es imposible que que esa cosa exista, que sólo de este modo puede haber conciencia de ella. Sin embargo yo le rebatía comentándole que aunque hace bien poco se inventaron muchísimos términos nuevos (por ejemplo en psicología) eso no significa que lo que representan no existiese antes de nombrarlo, y que, por supuesto, no sirven las aproximaciones o los términos genéricos que pretenden recoger un todo y que simplifican la semántica ofreciéndola a las fauces de la etimología, sin más.

Si nos fijamos en la teoría de Piaget (lenguaje social, lenguaje egocéntrico y lenguaje interno), no todos los procesos que se inician en el lenguaje interno llegan a poder materializarse en el lenguaje social, cuyo asentamiento y materialización es mucho más largo y necesita del consenso y utilización de los términos de manera constante en el tiempo y por un alto número de personas.

Así, no creo que haya una palabra (tal vez aproximaciones) para definir un tipo de comunicación que se da en ciertas ocasiones y que sería, si eso pudiese llegar a existir, la comunicación total (terreno que entiendo muy lejos del lenguaje hablado todavía). Donde la comunicación corporal, la hablada, la emocional y la que se da en otros sustratos de la psique, mucho más profundos, confluyen.

Cuando nos juntamos estas mujeres a hablar de nuestras vulvas y del constructo social que hay alrededor de ellas, se dio esta comunicación, o al menos yo pude percibirla en muchos momentos, con una aproximación semántica bastante pobre podríamos hablar de ¿"química"?. Sin embargo echo de menos una palabra que aúne lenguaje, cuerpo y emoción. Ese tipo de comunicación que suele darse entre las mujeres cuando están juntas y no solo se comunican con las palabras, está también presente todo lo demás.

Las mujeres que han hablado sin restricciones con otras mujeres, desde ese justo lugar en el que se supera la represión comunicativa, que también existe, saben de lo que estoy hablando, y no es necesariotener una relación tejida de antemano, no es necesario ser “amigas”. Basta con dejar caer ciertos muros y dejarse llevar. Es una comunicación mucho más amable, una comunicación que construye y entiende, que empatiza desde el núcleo mismo del yo y se abre hacia el otro, es una comunicación que no lastra, ni castra, que tiende a la cooperación y la ayuda mutua, una comunicación, entiendo, que serviría sin duda para construir un mundo menos hostil si consiguiéramos “universalizarla”.

Y eso fue lo que vi, al leer en la pantalla lo que saldrá impreso en la revista, que allí, sobre el fondo blanco, era imposible trasmitir aquella "otra" comunicación a la que fui tan sensible ese día y que se abrió tan claramente en el transcurso de aquella charla, mirándonos a los ojos.

Desde este punto es imposible no tener en cuenta las novelas "Lengua materna" y la segunda parte de la misma “Rosa de Judas”, de Suzette Haden Elgin. Novelas en las que una trama de ciencia ficción nos posiciona directamente en el centro mismo de este entramado, las mujeres crean, por pura necesidad, una lengua secreta, que les permite sobrevivir en un mundo asfixiante en el que tienen la condición legal de menores y han de ser tuteladas por los varones durante toda su vida. De esta manera se las ingenian para crear un lenguaje a espaldas de los hombres, un lenguaje que les permite, precisamente, hablar de todas estas cosas que se quedan fuera de lo que puede nombrarse con palabras. Todas esas cosas que servirían (si no fuese ciencia ficción) para hablar de ese conjunto, erróneamente escindido: emoción-cuerpo-lenguaje.

Tal vez por eso necesitamos la poesía, para acercarnos a ese territorio.

jueves, 24 de noviembre de 2011

a ellas

a la que se alimenta de telarañas
a la que dobla los golpes en el cajón
a la que guarda con su cuerpo el puño
a la que acaricia al bastardo
a la que se viste de rojo
a la que acalla el burka
a la que mira sin ver y habla sin voz
a la que va y viene, con un péndulo en la mano
a la que teme
a la que protege con su cuerpo al hijo
a la muerta y a la que le llora
a la madre que no supo enseñarle
a la que cruza el océano buscando
a la de la costilla hundida 
a la del hematoma en medio de la calma
a la que denunció pero fue tarde
a la que no lo hizo
a la gorda y a la flaca
a la sufraguista
a la lesbiana
a la niña embarazada de un soldado
a la pequeña como un colibrí
a su hija y a su hermana

a ellas
les cedo mis ovarios 
para que allí se refugien
mi vagina cueva y mis trompas
mis pechos pequeños
y mi nombre
sobre todo, mi nombre



miércoles, 15 de agosto de 2007

Desde la azotea II


foto tomada de internet, si les molesta hablen.

Desde arriba en la oscuridad bajé sin miedo, tenía una madre que velaba por mi en las noches oscuras, una madre inquietante. Ya de día llegué al cañón, atrás dejé el bosque y sus sendas.

Después de andar casi medio día el viento se caldeo, el sol estaba en su cenit. Era el viento cálido del sur el que hacia arder a las rocas y sudar a mi cuerpo. Busqué una sombra donde cobijarme pero era tarde, había andado hechizada por el embrujo de la luna demasiado tiempo, ahora estaba en medio de la nada, de un desierto de piedras ardientes.

Veía subir los espejismos, que como humo jugaban con mi imaginación, formas caleidoscópicas que iban hacia arriba, hacia la llamada.

Entonces el viento del Sur me habló con su voz de serpiente:

"Tú mujer; eres hija del sol. Hija de la luz, una guerrera de fuego y cosmos. Hija del calor y de la vida.

Eres mujer y estrella, por eso tus ojos brillan y tus manos dan calor. Tienes alma de fuego y sangre de agua, por eso tus besos son húmedos y tus abrazos reconfortan. Tu padre te protege y te alimenta por eso tu piel se oscurece y tu pelo crece como las ramas de los árboles.

Tú eres sol, eres trópico, eres sudor y ritmo, eres danza y órbita, ofrendando tus movimientos al padre. Tu cuerpo está encendido, por eso buscas al amante que mantenga tu núcleo ardiente, y cuando el amado deja de ser llama, tu cuerpo se apaga como una hoguera mal encendida y te quedas cenizas, vacía.


Eres mujer y calor, por eso tus palabras soplan y tus caderas son de sexo, por eso tus caricias consuelan y tus verbos ensanchan.

Eres vida e hija de la vida, por eso tus ojos ven la claridad de las cosas sencillas, y las manos se tienden hacia ti buscando un refugio. Eres alimento y savia, eres raíz.

Mujer tú eres él, y tu sonrisa ilumina y florece, pero también quemas y abrasas, también destruyes. Ese es el poder, ese es el peligro. La guerra vive en tu alma, el fuego quema."

Entonces el viento del Sur se metió por mi nariz, y secó mi garganta y también mis pulmones, que se convirtieron en cenizas, quería secarme por dentro y convertirme en arena, para poder llevarme en su viaje al desierto, para poder llevarme como calima.

Ya sentía yo como si una esponja absorbiera mi humedad, secara mi acuosidad y me dejará hecha de cristales, y a un golpe de viento ardiente me rompería en millones de pedazos y sería de polvo.

Entonces el sol se apiadó de mi, y gritó tan fuerte que las nubes acudieron a besarlo, ellas enamoradas de su luz, buscando que las acariciara por la espalda como hacia tantas veces, buscando que les hiciera el amor con la calidez de sus brazos de fuego.

Él acarició con vehemencia sus espaldas, las besó con besos ardientes y cuando las nubes explotaron en el abrazo imposible, sólo entonces empezó a llover, y mi boca se llenó de agua, y la humedad entró por mi nariz y restituyó lo que ya no era.

Tanto gozaron las nubes, tanto llovió que el barranco se hizo arroyo y después torrente, y entre las rocas floté hasta llegar de nuevo a mi casa, y todas las olas me dieron la bienvenida, y los peces de colores, y las sirenas.

Así supe que el Sol y la Luna se aman cada noche sobre los lechos de coral y que nosotras las mujeres tenemos en nuestra herencia el encuentro sagrado, la danza de los dos poderes, el amor encontrado y perdido cada amanecer.

lunes, 13 de agosto de 2007

Desde la azotea I


foto cómplice del larguirucho



Subí al anochecer, deseaba desde allá vislumbrar otras costas, otros mares, otras inquietudes. Me entregué pues a la espesura de los pinos y subí por el sendero que lleno de piedras se abría bajo mis pies, a mi la marina, ofreciéndome un lugar perfecto para cada una de mis huellas.

Una vez arriba vi los rayos y sentí los truenos, me intimidaron con su insolente gravedad y poco después sobre la roca más oscura, me habló el viento del Norte y con su voz profunda me dijo:

"Tú mujer, eres hija de la luna, por eso no temes, eres mujer e hija de la luna, por eso hablas con los muertos con los ojos cerrados, por eso tus recuerdos huelen y tienen forma, por eso tus sueños te sacuden también de día.

Eres mujer de mujer, y mujer de luna, por eso vives de reflejos y te miras en las aguas mansas.

Eres hija y eres madre, por que la luna te mira con su halo y te llena de amor escondido, infinito de la noche, el amor desconocido de la madre observadora y la hija acariciada.

Eres mujer, tus huecos son oscuros como la cara oculta de ella y por eso te temen los hombres y quieren enjaularte, por que eres un enigma luminoso lleno de oquedades que sacuden, que reciben para dar, que se llenan para ser volcadas.

Eres ella, y el futuro te habla en las miradas de los otros y si escuchas a los vientos que aman a tu madre los que cada noche se rinden, a los perros y a los lobos, ellos te contaran los secretos, por que hija de la luna, los secretos del mundo son todos tuyos."

Después el viento del Norte me tocó el corazón y lo convirtió en piedra.


Me dejó exhausta, intenté llorar pero no pude, sin corazón no se llora. Él, el que late, cayó bajo mis pies. El viento frío me helaba, sus rayos quemaban las puntas de mi pelo.

Entonces la luna, mi madre desde ese momento, gritó, y las nubes oscuras huyeron temerosas, el viento del Norte que quería helarme el alma, tanto la temía que se escondió en una cueva.

Cuando la luna alumbró mi rostro y su primer rayo tocó la piedra de mi corazón, éste volvió a latir y se cubrió de nuevo de sangre roja, poco a poco fue reptando y se instaló con gran esfuerzo en su lugar, en medio de mi alma.

Ella me sonrió con su cara redonda de madre de mujeres.